Granada CF-Barcelona | Crónica El sueño rojiblanco continúa

  • El conjunto de Diego Martínez se impone con total merecimiento al actual campeón de liga, y duerme líder a la espera del resto de los encuentros de la quinta jornada

Puertas celebra uno de los tantos del Granada CF en el triunfo ante el Barcelona. Puertas celebra uno de los tantos del Granada CF en el triunfo ante el Barcelona.

Puertas celebra uno de los tantos del Granada CF en el triunfo ante el Barcelona. / Álex Cámara

Cuando allá por el mes de julio salió el calendario, pocos podían imaginar que tras la disputa de las cinco primeras jornadas, el Granada CF tendría el 25% de los guarismos necesarios para salvarse. Diez puntos que saben a gloria tras vencer al Barcelona (2-0) y que permitieron al conjunto rojiblanco dormir como líder de LaLiga Santander. Y lo hicieron por méritos propios, con los argumentos que han llevado a volver a ilusionar a toda una ciudad.

El mejor guión

Si a Diego Martínez le hubieran pedido que hiciera un guión del partido, seguramente habría soñado con un choque como el que hicieron sus jugadores ante el campeón de liga. Intensidad, hambre, orden, coberturas perfectas, ayudas y automatismos que seguramente Ernesto Valverde hubiera querido para su equipo. Y encima, un gol en la primera acción de ataque. Lo soñado por todos.

Los rojiblancos se adelantaron a los dos minutos gracias a las ganas que pusieron en un balón dividido de Puertas con Lenglet, en una acción en la que los culés reclamaron falta. Pero Cuadra Fernández no lo estimó, ni el VAR tampoco. El almeriense, tras un excepcional pase de Soldado, se internó en el área y centró, tocando Piqué el esférico que se elevó para que Azeez remachara en boca de gol para delirio de Los Cármenes, que se frotaban los ojos ante tanta eficacia.

El cuadro de Diego Martínez mostró los argumentos que le hicieron ascender

Como no podía ser menos, el Barça comenzó a dominar el cuero pero con nula profundidad. El sistema defensivo de los nazaríes se le atragantó a los de Valverde, incapaces de superar las dos líneas ordenadas desde el banquillo. Pero es que cuando tenían los locales el balón, lo cuidaron con mimo. En especial, Ángel Montoro, que le dio el ritmo que necesitaba al partido en cada momento. Si había que jugar en largo, lo hacía. Que tocaba cambios de orientación, tanto Machís como, especialmente, Puertas, se beneficiaban de ello. Y si lo ideal era asociarse por dentro con Yangel Herrera o Azeez, lo ejecutaba con acierto.

Pocas ocasiones

Ello incomodó al Barça, que no tuvo profundidad, con un Griezmann desaparecido, Luis Suárez desasistido y con Carles Pérez como único estilete con algo más de peligro por banda derecha, aprovechando su velocidad ante un debutante en Primera, el canterano Carlos Neva.

Álvaro Vadillo celebra el 2-0 junto a Antonio Puertas. Álvaro Vadillo celebra el 2-0 junto a Antonio Puertas.

Álvaro Vadillo celebra el 2-0 junto a Antonio Puertas. / Álex Cámara

Las ocasiones no es que fueran numerosas, pero si hubo un equipo que lo intentó, ese fue el Granada CF. Puertas, Neva o Yangel Herrera lo intentaron desde fuera del área y casi siempre para cerrar una contra. Y, todo ello con Piqué en el campo, que pudo ser expulsado por una agresión a Machís en el 18’ por la que pudo ver perfectamente roja. Acción que repitió en el descuento del primer acto, donde sí vio cartulina.

"Sí se puede"

De hecho, la mejor ocasión visitante llegó en el añadido con un remate mordido de Luis Suárez que Puertas supo despejar en línea de gol. No habría sido justo que llegara el empate ante el esfuerzo descomunal de los rojiblancos, que fueron despedidos con una sonora ovación de su afición al grito de “¡Sí se puede!”.

Diez puntos suma ya el cuadro nazarí, o lo que es lo mismo, el 25% de los necesarios para salvarse

Valverde era consciente de que caer en Granada generaría una enorme crisis en Can Barça. Y apostó por sacar todo su arsenal ofensivo. Dio entrada a Leo Messi y Ansu Fati, situando al astro argentino por detrás de los tres atacantes. Pero no era el día del conjunto con mayor límite salarial de la competición. Y no lo era porque enfrente se encontró con un grupo humilde de jugadores que se dejaron todo en cada duelo individual, que presionaron en bloque, con intensidad pero que, sobre todo, tenían el hambre que las estrellas culés no tienen a día de hoy. Y eso es mucho.

Riesgo

Porque, pese jugar con hasta cuatro delanteros, Rui Silva no pasó por excesivos apuros, logrando así su tercera puerta a cero de manera consecutiva gracias, además, a que todos sus compañeros se afanaron en proteger el arco nazarí. Con tanto riesgo asumido, lo normal era que, a la contra, el Granada CF pudiera hacerle daño a su rival. Y, aunque no tuvieron el acierto ni los efectivos necesarios porque el objetivo era evitar que el Barcelona se metiera en el partido, cada opción había que aprovecharla. Y así lo hicieron los de Diego Martínez.

Momento en el que Arturo Vidal comete penalti por manos. Momento en el que Arturo Vidal comete penalti por manos.

Momento en el que Arturo Vidal comete penalti por manos. / Álex Cámara

Fue por medio de una falta lateral que ejecutó Vadillo y que Arturo Vidal tocó con el brazo demasiado extendido. El colegiado tuvo que acudir por primera vez en la historia en Los Cármenes a la pantalla del VAR y señaló penalti. El propio extremo gaditano ejecutó magistralmente la pena máxima para júbilo de los seguidores granadinos, que no todos los que acudieron a la instalación del Zaidín iban con el equipo de su tierra, por cierto.

Fiesta

Con 2-0, el choque se puso muy de cara para hacer una de las cosas que mejor sabe hacer el Granada CF, que no es otra cosa que dormir los partidos. Pese a que el Barça lo intentó, no tuvo ideas y sí demasiadas imprecisiones. Y tampoco es que los locales se encerraran atrás. Todo lo contrario. Siguieron presionando a destajo, como si cada balón fuera el último de la temporada. Unas ganas que la grada agradeció con ovaciones constantes, como la que llegó en el 90’ con todo el equipo en campo contrario. No era para menos. Se estaba cerca de vencer al actual campeón, cosa que se confirmó y que la plantilla, en el campo y en el banquillo, celebró como si de un ascenso se tratara. El matagigantes ha vuelto. Y todo con Rakitic sobre el césped.

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