Granada CF | La pizarra

Un plácido partido marcado por el VAR

  • Las expulsiones de Jorge Sáenz y Fran Beltrán facilitan la circulación

Germán remata de cabeza un saque de esquina que no vio puerta. Germán remata de cabeza un saque de esquina que no vio puerta.

Germán remata de cabeza un saque de esquina que no vio puerta. / Agencia LOF

Seguir invicto a domicilio para un recién ascendido tras jugar tres de los cuatro primeros encuentros lejos de casa debe ser valorado en su justa medida. Aunque ayer, el choque del Granada CF en Balaídos estuvo muy condicionado por las expulsiones de los dos jugadores del Celta que permitieron a los rojiblancos jugar casi a placer durante más de una hora de encuentro. Pero, sobre todo, se debe aprender de cómo jugar en superioridad algo que, por momentos, le costó y mucho al conjunto de Diego Martínez. Afortunadamente, el tanto de Germán dio la tranquilidad necesaria ante un rival al que el empate le sabía a triunfo.

Presión alta

El arranque del choque recordó al de Villarreal o Cornellá. Los rojiblancos fueron a buscar al Celta en su campo, presionando la salida de balón y adelantando la línea defensiva. Pero la acción de Jorge Sáenz sobre Roberto Soldado cambió por completo todo lo planeado durante la semana, tanto en uno como en otro bando. Y fue a más con la expulsión de Fran Beltrán y una hora por delante aún por jugar. Pero ni con uno ni con dos jugadores más, en ataque el cuadro nazarí estuvo fluido.

Los jugadores rojiblancos celebran el tanto de Germán. Los jugadores rojiblancos celebran el tanto de Germán.

Los jugadores rojiblancos celebran el tanto de Germán. / Efe

Ritmo bajo

Eran tantos los espacios y la superioridad de los visitantes, que pareció que la relajación se instalaba sobre el verde. El balón no circulaba con la velocidad necesaria y eso facilitaba el repliegue del Celta, que con cuatro atrás y una línea de tres por delante, se pertrechó a nivel defensivo en busca de una posible contra para asustar al Granada CF. La posesión nazarí no se disparó, ni mucho menos, y eran muy pocas las llegadas con peligro al área de Rubén Blanco. De hecho, el primer disparo entre los tres palos llegó en el minuto 35 por medio de Darwin Machís. Pero faltaba ritmo. Los de Martínez se mostraron espesos en la circulación de balón y el Celta relativamente cómodo, aunque sufriendo cuando tenían el balón porque no podían salir de su propio campo.

Cambia todo

Pero el tanto de Germán, en el breve descuento del primer acto que Prieto Iglesias ordenó, lo cambió todo. Con ventaja en el marcador, la posible presión por tener que ir a por el partido, como no podía ser de otra manera, desapareció. Tan sólo quedaba mover al rival, controlar el partido a nivel defensivo para que el Celta apenas creara peligro y dejarlo finiquitado en alguna de las acciones ofensivas que iban a llegar con total seguridad. Como así fue.

La sentencia

El golazo de Yangel Herrera terminó por dejar el duelo finiquitado. Con 0-2, la posesión fue en aumento y pasó a la hora de partido de ser del 26-75%, al 80% a favor del Granada a poco más de un cuarto de hora del final. Sin embargo, en la recta final y de manera incomprensible, el equipo de Diego Martínez dio un paso atrás. Esto fue aprovechado por los de Fran Escribá, que pese al cansancio, se fueron arriba e incluso por momentos le quitaron el balón a los nazaríes. Realmente no pasaron por apuros, pero si en una jugada aislada llegan a marcar, quién sabe que podía haber sucedido.

Así jugaron los de Diego Martínez. Así jugaron los de Diego Martínez.

Así jugaron los de Diego Martínez. / Infografía

El técnico granadinista tenía previsto dar entrada en el campo a José Antonio Martínez, pero viendo como estaba el partido, anuló dicho cambio para dar entrada a Azeez, con el que todo volvió a la normalidad. Con el nigeriano en el campo por delante de Yangel y Montoro, se recuperó el control del esférico. El valenciano volvió a mandar y con el balón no se pasaron apuros. De hecho, Rui Silva apenas tuvo que intervenir a lo largo de los más de 100 minutos que duró el choque. Tan sólo tuvo que hacer tres paradas, y una de ellas fue un despeje de puños tras un centro lateral.

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