Alberto Iglesias | Compositor "Sería una pena que la OCG llegara a desaparecer o a existir con carencias"

  • El artista, uno de los músicos de cine más importantes, solicitados y laureados del país, presta sus creaciones a la orquesta granadina

  • La formación dedicará hoy un concierto a sus bandas sonoras, en concreto a la de 'Volver' y la de 'La piel que habito' de Pedro Almodóvar 

Alberto Iglesias (San Sebastián, 1955), en una imagen de archivo. Alberto Iglesias (San Sebastián, 1955), en una imagen de archivo.

Alberto Iglesias (San Sebastián, 1955), en una imagen de archivo. / G. H.

Le ha puesto música al dolor, a los celos, a la soledad, al suspense, al drama. También a los personajes de las películas de Pedro Almodóvar y a su mundo interior desde La flor de mi secreto (1995). La nómina de directores con los que ha trabajado abruma: Almodóvar, Medem, Iciar Bolláin, Bigas Luna, Saura, Steven Soderbergh, Ridley Scott, Oliver Stone. Es la persona con más Goyas y ha sido tres veces candidato al Oscar y a los Bafta -sin olvidar su Premio Nacional de Cinematografía-. Hablamos de Alberto Iglesias (San Sebastián, 1955), cuyo idilio con el cine dura ya casi 40 años.

El compositor, uno de los más importantes, solicitados y laureados del país, recuerda con cariño aquellos domingos de niño donde sonaba la música clásica que ponía su padre. O cuando empezó a tocar la guitarra. "Compartía habitación con mis dos hermanos. Cuando me ponía a estudiar con la guitarra me dejaban estar solo en el cuarto. Era una forma de hablar conmigo mismo", cuenta. El músico atiende al periódico antes de su charla en la ciudad, donde hoy –y mañana– se escucharán sus canciones. La OCG dedicará dos recitales a sus bandas sonoras -la de Volver y la de La piel que habito– en el Falla.

El músico donostiarra trabajando con su piano, su partitura y su flexo. El músico donostiarra trabajando con su piano, su partitura y su flexo.

El músico donostiarra trabajando con su piano, su partitura y su flexo. / RLM

-Estudió en el Conservatorio de Música de San Sebastián y después viajó a París para continuar su formación. ¿Por qué enfocó su carrera al cine?

-No sé si por un cúmulo de casualidades. Al principio lo fue. No era algo que hubiera deseado de antemano. Fue surgiendo. Los compañeros de generación y algunos amigos míos eran cineastas. Me vi abocado al cine casi sin pretenderlo. Después me he hecho aficionado (ríe). Fue una suma de casualidades. También me gustó la experiencia.

-¿Qué principales retos le supone hacer bandas sonoras?

-Hacerlas bien (ríe). Conseguir que las canciones tengan que ver con la película, que sean expresivas musicalmente, que tengan una exigencias respecto a lo que es la música, a lo que es mi ideal musical. Vaya, que se ajusten a lo que me guste. La obligación siempre es que se ajusten a la narración cinematográfica y hagan que ésta sea más fluida.

-¿Cuál es el secreto para transmitir emociones con una canción?

-Imagino que sentirlo y ponerse en el lugar del otro o llegar a sentir lo que sienten los personajes. Hay un ejercicio de empatía muy grande en este oficio. Después creer que la música sabe contar esos sentimientos o ayuda a explicarse. Normalmente son sentimientos en los que las palabras no tienen alcance y entonces tienes esa creencia, esa ilusión, de que la música sí lo puede hacer.

-Decía Spielberg que en E.T. lo que hace volar las bicicletas no son los efectos especiales, es la música. ¿Está de acuerdo?

-Sí, estoy de acuerdo.

-Muchos nos preguntamos cómo lo hará, es decir, cuál es el punto de partida de sus creaciones.

-No sé. No toma drogas, por ejemplos (ríe). Tomo café por las mañanas. Es un ejercicio progresivo. No respondo con una inmediatez absoluta. Me pienso mucho las cosas. Disfruto mucho haciéndolas. Creo que esa es una posibilidad que me dan los directores, la de tener los medios para grabar y el tiempo, que siempre es escaso. La clave es tener tiempo para pensar las cosas y así no hacerlas automáticamente y mantener esa exigencia. También me lo paso muy bien. Hay ratos que uno se exige más de lo que puede dar. Pero en general, me divierto mucho componiendo.

-¿Qué le inspira a componer en un día cotidiano?

-Lo de escribir música es una cosa... La propia música me lleva a escribir música. No siempre estoy traduciendo sentimientos. Hay veces que escribo música y después la música se adapta a algo. Como si se corporeizara la música a un sentimiento. A lo mejor mi punto de partido no era eso, sino que era una idea musical. Me inspiran muchas cosas: el mirar, el estar atento, el tener cercanía con las personas. Eso me inspira mucho. La gente es lo que más me inspira. La vida de los que nos rodean.

-Ahora la gente accede a la música de forma más fácil y rápida gracias a internet o plataformas como Youtube, pero la olvida casi inmediatamente. ¿Qué opina?

-Creo que una posibilidad de conocer. Uno tiene que saber qué le gusta. Es cuando vas a un bufé. Te entra un desayuno con el precio del hotel. Comes lo que necesitas. A veces puedes comer en exceso. Tener barra libre para verlo todo es una suerte. También después te quedas con lo que te gusta. No tienes porque estar yendo a todo correr y escuchar todo. Cada uno tiene más posibilidades de independencia y de formar su propio gusto. Si después lo que quieres es olvidar de todo lo que hay y estar expuesto a cualquier cosa, pues la haces. Depende de cada uno. Yo sólo veo las cosas que creo que me gusta. Las otras no las miro.

-Usted ha trabajado con la Compañía Nacional de Danza. ¿Qué diferencia encuentra entre vestir imágenes de cine y escenas de ballet, teatro?

-Se parte de lugares diferentes. En el ballet, el movimiento físico, el desplazamiento del cuerpo, ya implica un sentido diferente. Pero hay muchas cosas que escribo para el cine que podrían ser bailadas o al revés. Probablemente la danza te da más libertad, más opciones a que las ideas musicales se desarrollen. No hay que representar el momento tan exactamente como en el cine. Puedes ser más abstracto. Sería largo de explicar esto.

-¿Es muy tirano el cine respecto a las bandas sonoras?

-No, no es tirano. Juegas en un espacio de tiempo y un espacio físico donde te tienes que mover. Lo bueno no es interpretarlo como tiranía. Se trata, como en otros trabajos, de entender la obligación como un aliciente y hacer algo que sirva.

-Es la persona con más Goyas, todos ellos en la categoría de mejor música original. ¿Cuál es el mejor regalo que le ha brindado su profesión?

-Los premios son un regalazo. Casi sin pretenderlo te da un impulso para seguir aunque sea una cosa simple aparentemente. Te da más confianza o simplemente la alegría de que alguien te aplauda. He tenido muchos regalos cuando me han ofrecido escribir para una nueva película. El hecho de que confíen en que yo lo pueda hacer me lo suelo tomar como un regalo.

-También ha colaborado con Julio Medem, Iciar Bolláin, Bigas Luna y Carlos Saura. ¿Hay algún director o directora española con la que le gustaría trabajar?

-Hay muchos directores y directoras que me gustan. Yo encantado. Estoy bastante abierto a nuevas experiencias. Me gusta encontrar gente con quien pueda entenderme, tener una experiencia intensa en esto.

Iglesias, en su salsa. Iglesias, en su salsa.

Iglesias, en su salsa. / G. H.

-Hablando de experimentar. Formó una banda de electrónica con Javier Navarrete en los 80. Cuénteme.

-Era los inicios. Todavía la música electrónica no tenía la dimensión de ahora. Hacíamos una música electrónica bastante experimental. No era música electrónica de pista de baile. Me ayudó mucho a escribir, a tener soltura. Y tengo muy buenos recuerdos de esa época.

-¿Le gustaría que volviera El conciertazo?

-Sí, claro. O que se hiciera algo así.

-La OCG interpreta dos de sus suites el fin de semana. No sé si sabrá que la orquesta vive una situación crítica a nivel económica. ¿Qué opina?

-Lo lamento muchísimo. Mandé mi apoyo cuando pidieron firmas de solidaridad para que la orquesta perviva en las condiciones necesarias. Y ojalá así sea. La orquesta es muy buena. Los músicos me han parecido extraordinarios. La ciudad de Granada necesita tener ese conexión de la música a través de la orquesta. Sería una pena que llegara a desaparecer o a existir de una manera con muchas carencias. Hay que cuidar lo que tenemos. La OCG es un valor necesaria para la cultura andaluza y de España.

Pareja de cine

-Hoy y mañana tocarán dos suites suyas compuestas para películas de Almodóvar. ¿Cómo es trabajar con el director manchego?

-Para mí han sido experiencias muy buenas e intensas en las que he aprendido y aprendo muchísimo. La que más cerca tengo es Dolor y Gloria. Espero pronto estar involucrado en la siguiente. Todavía no sé qué va a hacer. Se un poco pero muy poco. Siempre es una nueva inyección de vitalidad para mí. Es un intento de superar mis conocimientos y abrirme a que la música pueda interpretar todo lo que me pide. Que sea expresiva, que tenga frescura y la rapidez de su inteligencia. Esas cualidades que tienen sus películas, que la música las represente de alguna manera.

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