Entrevista | Alfredo Díaz (doblador y humorista) "El acento del doblaje llega a ser tan neutro que suena robotizado"

  • "Hay amigos que dejaron de serlo por imitarles y al tiempo me ven y me dicen ¡Alfredo qué máquina!", reconoce el doblador granadino

El doblador granadino Alfredo Díaz (1982) El doblador granadino Alfredo Díaz (1982)

El doblador granadino Alfredo Díaz (1982) / G. H.

Alfredo Díaz (Granada, 1982) es un hombre que pone voces. Lo que finamente se conoce como doblador. Empezó bajándole el volumen a la televisión, los amigos del barrio se lo tomaban a broma, pero acabó convirtiendo su afición en su trabajo de doblador con la doble vertiente de humorista.

Se encierra en un armario -su particular cabina de doblaje- y allí graba voces y edita los vídeos que en internet tienen millones de seguidores. Algunos personajes como Markos Heredia (Mark Lenders en Oliver y Benji), el Tito Clint (Eastwood y particularmente Harry el Sucio) o sus parodias de Rocky Balboa triunfan en YouTube.

-¿Cómo ha llevado este año tan extraño?

-Como una película de ciencia ficción, aunque a veces es mejor tomarlo todo como una comedia y atenerse a lo típico, reír por no llorar.

-¿Se vio obligado a ser muy productivo durante la etapa del confinamiento?

-Creo que más de la cuenta. Normalmente mi vida se divide en pasear por el bosque sin apenas ruido o estar en cabina metido doblando y liando la de Dios. Al no poder salir al bosque, aparte de hacer más doblajes de la cuenta me dio por caracterizarme y hacer parodias de Queen, como Queenfinado, o Tino Casal como Tino Encasa Elcovid. El caso era tener siempre el tiempo ocupado, y como de siempre me ha encantado imitar voces tanto como hacerme looks diferentes para reírme de mí mismo, pues nunca me he aburrido la verdad.

-¿Cómo es su proceso creativo para el doblaje?

-Desde niño, viendo los VHS que compraba mi padre, el vídeo comunitario, aprendiéndome escenas enteras de películas y dibujos o bajando el volumen de la tele cuando veía las noticias o programas que ya me aburrían. Creaba una nueva realidad con mis guiones, y les añadía voces de famosos, gente de mi entorno, amigos que dejaron de serlo por imitarles tanto y me tachaban de loco y al tiempo me ven y me dicen "¡Alfredo que máquina!" pero que les den por saco con su falsedad, yo sigo con mi realidad de siempre ya sea en digital o en analógico como antaño.

Otra imagen del doblador Otra imagen del doblador

Otra imagen del doblador / G. H.

-¿Los profesores lo tenían enfilado o algunos se divertían con sus gracietas?

-En el colegio me pasaban mucho la mano y la verdad que fueron buenos tiempos. Estoy orgulloso de mi colegio, el Padre Manjón, y de todos los valores que me enseñaron. En el instituto, de cuyo nombre no quiero acordarme, fue todo ya más frío y de golpe… Tengo las notas enmarcadas en mi habitación de las quince asignaturas que me quedaron entre tercero y cuarto en el año 2000 como recordatorio, sin orgullo ni vergüenza.

–Hablaba en otra entrevista antigua de que prefiere no tener WhatsApp. ¿Sigue sin la aplicación?

–No me hace falta tal aplicación en mi día a día. Todavía uso un Samsung C3300k de color blanco. Cuando se rompa, que no creo, lo tengo repetido en negro.

–Llama la atención que alguien que vive en las redes y YouTube mantenga en cuarentena internet...

–Internet es una buena herramienta y las redes sociales también siempre que se usen como escaparate digital de algo que sepas hacer y enseñarlo al mundo. Pasando el tiempo justo, ni más ni menos. Deja de ser una herramienta cuando se convierte en una adicción y búsqueda del ensalzamiento de ego a base de likes.

–Defienda los acentos...

–Dentro de este país hay muchísimos, y también los hay dentro de las ciudades en sus barrios o en los pueblos. Granada es una muestra de diversos acentos según la zona. Lo que no me parece bien es que la forma de hablar de cada uno a veces derive en que unos se crean más especiales o mejores que otros. Nadie es mejor que nadie.

-En la televisión, la radio y los doblajes parece que sólo existen algunos acentos.

-Han conseguido un acento tan neutrísimo que al final suena muy robotizado, artificial e impersonal tanto en algunos medios de comunicación como en ciertos doblajes del presente.

-¿Hay algún personaje al que no doblaría?

-No suelo cerrarme a nada. Por doblar he doblado hasta a Hitler. Me eliminaron un doblaje de él por lenguaje de odio, cuando simplemente era Hitler explicando la receta del gazpacho.

-Y al contrario, ¿alguno que le llame la atención y todavía no lo haya hecho?

–Pues aquí sale Hitler de nuevo, pero interpretado por Chaplin. Nunca me he atrevido con el discurso final de El gran dictador, por el reto que tiene la dificultad de la escena y como la adaptaría a mi modo.

-¿Cómo ve la industria del doblaje en España?

-Es todo un mundo donde a veces meten el hocico futbolistas, famosetes y demás. Otras veces hacen las cosas con demasiada prisa, con tanta serie que sale a mansalva dando a veces unos resultados cuestionables, prefiero el cine y los actores de doblaje de toda la vida a los cuales admiro. Uno de mis sueños sería ver mi nombre en las paradas de autobús en un cartel de película que rezara "con la voz de Alfredo Díaz", y quien buscase viera que ni soy futbolista ni un famoso de turno, sino alguien que ama el doblaje.

-¿Cuáles son sus dobladores favoritos?

–Desde niño y a día de hoy son Constantino Romero, Carlos Revilla, Ricard Solans y Salvador Aldeguer.

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