Bryan y la familia Adams
El artista canadiense arranca en el Palacio de Deportes de Granada su gira internacional 'Get Up Tour', un concierto en el que se ganó a los más de 4.000 espectadores
Quien más quien menos ha tenido que asistir a una boda en la que los contrayentes han elegido para abrir la pista de baile el Evertyhing I do I do it for you de Bryan Adams. Conseguir colar una canción en el setlist de los matrimonios junto al My heart will go on de Celine Dion demuestra que, si de ser romántico se trata, el cantante canadiense forma parte de la memoria sentimental de millones de personas. Bryan Adams ha vendido más de 65 millones de discos en todo el mundo y ha alcanzado el número 1 de las listas de éxitos en más de 40 países, pese a lo cual no consiguió llenar ayer el Palacio de Deportes de Granada en el arranque de la gira que continuará por España en el Palacio Vistalegre de Madrid (jueves 28 de enero), el BEC de Bilbao (viernes 29 de enero) y el Palau Sant Jordi de Barcelona (sábado 30 de enero).
Así que fueron alrededor de 4.000 espectadores los que se reunieron para jalear al cantante que apareció vestido con chaqueta negra y camisa blanca, igual que el resto de sus músicos, remedando a los Fab Four, aunque en este caso eran cinco. "Buenas noches, my name is Bryan Adams", dijó el artista como presentación, que más tarde confesó que por la mañana había visitado la Alhambra. "¡Torero!", le respondió el público.
Las entradas estaban entre 50 y 60 euros, lo que no es descabellado para un artista de talla internacional, sobre todo teniendo en cuenta que las primeras filas para el concierto de Miguel Poveda del pasado diciembre tenían un precio de casi 100 euros... Otra lectura es que, en los tiempos que corren, Malú o Melendi son capaces de meter a más espectadores que el canadiense, con lo que Bryan Adams tendrá que meterse en un reality para su próxima gira o actuar un sábado si quiere llenar en Granada. Lo de la música ya queda en un segundo plano...
El creador presentó en directo los temas de su nuevo álbum, Get up, sin olvidarse de sus hits indiscutibles, esos que las parejas hacen suyos en sus inicios, cuando el mundo está recién pintado. El canadiense vuelve con esta gira al formato eléctrico y con banda completa, dejando atrás sus giras al piano o acústicas de los últimos años. Es lo que necesitan sus nuevas canciones, como You Belong To Me o Brand New Day - para cuyo videoclip contó con Helena Bonham Carter- entre el pop y el rock, en los que la voz cada vez más arenosa de Adams empasta a las mil maravillas. Canciones que entroncan con su famoso Summer Of '69, rock melódico, sencillo y sin pretensiones de tomar el testigo de Pink Floyd, en la línea de Reckless, el disco con el que conquistó el mercado mundial en 1984. Si se hace memoria, se le puede recordar dando saltos con su media melena al viento, eléctrico y siguiendo los cánones del perfecto rockero. Ayer demostró que a sus 56 años es más comedido en el escenario, con una puesta en escena cuidada pero sin grandes artificios, aseada, con una gran pantalla detrás en la que se proyectaban imágenes en directo del concierto.
Ahora lleva el pelo a la moda, con el flequillo engominado y un severo rapado en las sienes, un look al que le hace falta la barba para ser un perfecto hipster. Pero tal y como apareció ayer, si se le pone un uniforme de oficial alemán de la II Guerra Mundial, hubiese perfectamente podido participar como extra en alguna película ambientada en el nazismo. No como cuando se atrevió a participar en el 59 cumpleaños de Luciano Pavarotti, donde -con un par- se atrevió a cantar el O sole mio y La Traviata con el tenor de la barba y el pañuelo inabordable en la mano. Aquí demostró su valentía, por cantar con estos monstruos y por lucir una camisa salmón del mismo color que las papeletas para el Senado.
El público granadino demostró saberse sus nuevos temas, pero la temperatura subió con Have You Ever Really Loved A Woman, el tema que grabó junto a la guitarra de Paco de Lucía, un encuentro que, si se conoce la prehistoria de Adams, no resulta forzado como El Príncipe Gitano cantando el In the guetto de Elvis Presley. De hecho, su padre fue diplomático durante años en Portugal y se escapaba con frecuencia junto a su hijo a Sevilla para escuchar flamenco. Respecto a las letras de sus canciones, está claro que no le van a poner en la terna de los premios Nobel de literatura como a Bob Dylan, pero el canadiense entiende perfectamente lo que es una gran canción: una buena melodía, una buena letras y algo más que nadie sabe lo que es, pero es lo único que importa. Por eso, son miles los cantantes que han intentado abrirse paso a base de romanticismo, pero muy pocos los que han firmado temas como All for love o Heaven, esas canciones para parejas que duermen en las posiciones más incómodas con tal de estar pegados el uno al otro.
Y aunque Bryan Adams brilla también en el terreno de la fotografía -ha publicado en revistas como Vogue o Vanity Fair- lo cierto es que anduvo algo tacaño con los fotógrafos de prensa y sólo permitió recoger imágenes durante el primer tema, con lo que los reporteros se quedaron el dedo índice insensible después de disparar como posesos durante poco más de cuatro minutos. Es un hombre exigente, que cuida sus guitarras como una madre primeriza a su bebé, y que a sus 56 años sabe perfectamente lo que quiere y lo que el público espera de él. Buen gusto y mucho rock and roll para desengrasar y altos niveles de azúcar. Con esto consigue una cercanía con los espectadores que se convierten en casi una familia por unas horas.
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