Darío Jaramillo | Poeta

"A la gente que está en el poder, por lo general, le falta algún tornillo"

  • El autor colombiano, flamante Premio Lorca de Poesía, atiende a Granada Hoy para hablar del oficio de escritor, de la canción popular que tanto le ha influido en su obra, de Federico y del drama de la diáspora venezolana 

  • Jaramillo recogerá el galardón impulsado por el Ayuntamiento la primavera de 2019

El autor colombiano premiado, en una fotografía reciente. El autor colombiano premiado, en una fotografía reciente.

El autor colombiano premiado, en una fotografía reciente. / G.H.

Decía Rilke que "la verdadera patria del hombre es la infancia". La de Darío Jaramillo (Antioquia, 1947) estuvo marcada por los sonetos de Lope de Vega y de Quevedo que su padre le recitaba cuando apenas levantaba un palmo del suelo. El fútbol y la música también jugaron un papel fundamental en su vida. "Me crié, me amamanté con boleros, rancheras y tangos", señala el escritor, que se encuentra en Valencia por "pura casualidad", poco antes de lamentar la muerte de Lucho Gatica. A los 16 años, cayó en sus manos Canto a mí mismo de Walt Whitman y ya nada fue igual. "Su poesía se ajusta perfectamente a mi alma", reconoce en una entrevista a Granada Hoy que podrán leer completa en la edición impresa del 15 de noviembre de este diario.

El autor colombiano tampoco se olvida de Federico: "El Lorca popular, el del Romancero gitano, nunca ha dejado de gustarme, aunque la gente reniegue de él y se quede con Poeta en Nueva York". Considerado el principal renovador de la poesía amorosa en Colombia, Jaramillo es también uno de los mejores poetas tanto de la llamada "generación desencantada" como de la segunda mitad del siglo XX. El autor latinoamericano recibirá el Premio Lorca de Poesía la próxima primavera. 

-El jurado lo ha elegido por ser "un relevante poeta del amor, el sentimiento y la intimidad". ¿Cómo se definiría usted mismo?

-Yo soy un aprendiz de poeta. Lo he sido toda la vida. Como decía el título de una película todos los poetas están muertos. Los que estamos vivos apenas somos aprendices. Espero seguir siéndolo.

-Usted, al igual que Lorca, sostiene desde sus primeras obras una profunda, estática y a veces agónica meditación sobre el amor. El amor es además uno de los temas centrales de su obra. ¿Nada inspira más que "el hondo, el buen amor", que diría José Agustín Goytisolo?

-Uno para escribir poemas de amor necesita estar enamorado, pero cuando uno está así no tiene palabras porque está enloquecido de amor. A la hora de escribir de amor hay que hacerlo en dos tandas: la primera escribirle lo que le sale cuando está enamorado y después dejar pasar el tiempo. El buen poema se come frío. Luego entra la carpintería del poema y toca la parte más artesanal.

-La de la poda.

-Sí. Siempre hay que hacerlo mucho después de haberlo escrito.

-"Sé que el amor / no existe / y sé también / que te amo", reconoce en uno de sus poemas. ¿La poesía debe encerrar contradicciones al igual que la condición humana para calar en el público?

-Totalmente de acuerdo. La poesía no tiene nada que ver con la lógica racional ni con las construcciones mentales. Como todo en el hombre somos contradicción.

-Ha construido una obra que, como Federico, estrecha lazos con la canción popular de su tiempo. ¿Qué ha aprendido escuchando esta música?

-Siempre tendemos a despreciar las letras de las canciones populares. Yo me crié, me amamanté con boleros, rancheras y tangos. Hay mucha y buena poesía en la canción popular. Es más, creo que la forma de sentir nos la condiciona la música que oímos. No es que las canciones salgan para la situación sino que estamos bajo el imperio de los sentimientos que transmiten las canciones. De hecho, he escrito un libro sobre esto llamado Poesía en la canción popular latinoamericana. Sentimos como nos enseñan las canciones a sentir. La poesía escrita tiene que tener además un componente rítmico, musical, para que funcione.

-Su afición por la lectura la alimenta desde niño. He leído que cuando tenía 13 años cayó en sus manos Canto a mí mismo, de Whitman. ¿Le cambió su percepción de la poesía?

-Sí. Me condicionó para el resto de la vida. Yo tiendo a escribir poemas con versos muy largos como él. Ese encuentro con su poesía fue algo así como cuando el zapato se ajusta perfecto al pie. Su poesía se ajusta perfectamente a mi alma.

-El autor norteamericano apela al sentimiento de unidad con los demás seres humanos. ¿En estos tiempos donde triunfa la derecha más radical, la empatía brilla por su ausencia y se deja de lado la diáspora venezolana hay que leer más que nunca a Whitman?

-Sí. El hombre no es un ser privilegiado rey de la naturaleza, sino que es parte de la naturaleza. Es otro animal más que tiene que adaptarse al resto de los seres que pueblan la tierra. Hay que hablar de la diáspora venezolana. Para nosotros los colombianos no es ningún ajetreo recibir recibir a la gente de Venezuela. Ellos son del mismo país que nosotros. Decían que había llegado un millón de venezolanos a Colombia. Escribo mucho sobre ellos. Aludiendo a otro poeta que ganó el mismo premio que yo, Rafael Cadenas, admiro muchísimo la literatura venezolana.

-¿Le asusta lo que está ocurriendo en Brasil? ¿Qué opina de Bolsonaro?

-Me asusta toda la gente que está en el poder (ríe). Creo que la gente que tiene la enfermedad del poder y que tiene la pasión por mandar tiene un toque de locura que asusta todos. Ya Bolsonaro o Trump. Ellos son más visibles porque están más caricaturizados, pero en general la gente que anda en la onda de mandar algún tornillo le falta. 

-¿Le molesta que se asocien su país a la cuna del narcotráfico?

-Ese tipo de generalización de que los colombianos somos narcos es que como si yo digo que todos los españoles son toreros. No todos somos narcos. Uno termina sabiendo que todos somos individuos, no somos homogeneizables. Lo que dijo es un principio de acusación y eso molesta. Pero finalmente es tan estúpido pensar como si yo creyera que usted por ser de Granada se dedica al baile flamenco. 

-El otro día me decía una poeta granadina que "el mayor enemigo de la poesía hoy día es la prisa". ¿Está de acuerdo?

-Totalmente. La mayor enfermedad en el mundo hoy es la enfermedad contra el tiempo, la enfermedad de la prisa. La poesía es ante todo la negación de la prisa y la afirmación de que el tiempo pasa pero no en contra de nosotros.

-No sólo se ha dedicado a la poesía. Ha ejercido otros trabajos en el ámbito de la economía. ¿Se imagina su vida sin escribir ni leer poemas?

-Ahora mismo no, pero también sé que uno se acostumbra a todo. Si un día se me acaba la vista y no puedo leer, alguna cosa resultará. Así como cuando tenía 15 años y pensaba que le mundo sin jugar al fútbol era imposible, ahora que tengo 70 años se que el mundo es posible sin jugar al fútbol. 

-Aún no hablamos de Lorca, cuyo premio de poesía le ha sido otorgado. ¿Está entre sus autores favoritos?

-Sí, sin duda, y toda esa generación de poetas. Además me gusta Lorca y todo Lorca. Con Lorca pasa que dicen que Poeta en Nueva York es un gran libro y se resisten a los romances. Me interesa mucho el Lorca popular, el del Romancero gitano. Es el primer Lorca que conocemos cuando somos niños. A mí no ha dejado de gustarme. Cernuda, Salinas y Lorca son los grandes poetas de su generación.

(LA VERSIÓN COMPLETA DE ESTA ENTREVISTA PODRÁN LEERLA EN LA EDICIÓN IMPRESA DE ESTE DIARIO DEL 15 DE NOVIEMBRE)

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