Demasiado tarde para ser como Bowie; a tiempo de volver a Placebo
Lugar: Coliseo Ciudad de Atarfe. Fecha: viernes, 24 de julio de 2009. Aforo: casi lleno.
Como recién llegados de otra galaxia, la misma a la que cantan en su disco Battle for the sun, las notas discordantes que integran Placebo se alinearon la madrugada de ayer sobre el escenario del Coliseo de Atarfe para descargar sin tregua un universo de canciones obnubiladas por los flashes de la gigantesca pantalla que les rodeaba y recordar, así, los años dorados de los que fueron una de las bandas esenciales del pop rock de los noventa.
Brian Molko y Stefan Olsdal venían con ansias de redención, que no es lo mismo que actuar desde la nostalgia. Conscientes de que la banda había llegado a un punto de no retorno en su camino, se liaron la manta a la cabeza y prácticamente le pegaron una patada en la boca al batería Steve Hewitt, que se tuvo que enterar de que ya no formaba parte de la banda vía email. Formas aparte, la salida de Hewitt deparó la nueva incorporación del rubísimo y jovencísimo Steve Forrest, que parece haber sido el revulsivo definitivo que Placebo necesitaba para desengrasarse y volver a escalar al trono en el que un día estuvieron sentados. En Battle for the sun por fin vuelve a haber luz, guitarras afiladas y lo que viene distinguiendo un disco normal de otro que pueda pasar a la historia: singles, uno detrás de otro.
Con esto tan claro no resulta extraño que entraran a defender hasta con el alma su último trabajo y que los primeros momentos del concierto pareciesen la reproducción íntegra del CD. Todo cronológico. Una potente Kitty litter para abrir boca seguida sin mediar palabra por Ashtray heart -con el público al unísono cantando el estribillo en castellano de "corazón de cenicero"- caldearon el ambiente para la potente Battle for the sun, con la que sellaron su bienvenida al concierto.
Algún que otro "gracias" supuso la única interacción con el público de Molko, quien en este tiempo se ha dejado crecer el pelo y parece estar dispuesto a conseguir pesar lo mismo que Michael Jackson. Eso sí, el británico mantiene intacta la precisión con la que se pinta el eye liner y la distancia con la que trata a sus seguidores, a los que no les dedicó ninguna sonrisa que no formara parte de las muecas que pone al coger el micrófono.
Inmersos en el universo de luces e imágenes cegadoras que la pantalla disparaba sin momento para la tregua, Placebo fue encadenando temas con los que el concierto fue creciendo en intensidad. Buena parte de la culpa la tuvieron hits como Every you, every me, Black-Eyed, Special K o la declaración de intenciones de Taste in men, con la que cerraron la velada.
Ahora, si lo que quieren es ir a más y emular a su adorado Bowie, no les basta con que la incorporación de Forrest les haya hecho descumplir años. Los corsés, máxime si sólo saben desabrocharlos los fans más exigentes, no son buenos. Nunca está de más dejar que entren no iniciados en el caparazón.
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