José Ignacio Lapido | Músico

"Es posible que los 091 vuelvan si en un futuro se dan las circunstancias"

  • El cantante de rock granadino da mañana el último concierto de presentación de su octavo disco, 'El alma dormida', en el auditorio Manuel de Falla a las 21:30 

José Ignacio Lapido, en una fotografía promocional de 'El alma dormida'. José Ignacio Lapido, en una fotografía promocional de 'El alma dormida'.

José Ignacio Lapido, en una fotografía promocional de 'El alma dormida'. / G. H.

"Pasé mis mejores días subiendo escaleras /que me llevaron a las puertas del mismo error. / Creyendo ver en tus ojos reflejos de luna llena, / bebiendo en vaso largo, fría, la desilusión". José Ignacio Lapido (Granada, 1962) es uno de los grandes compositores de música rock de este país. Bellas mentiras, Cuando el ángel decida volver, Algo me aleja de ti, La antesala del dolor, Nadie besa al perdedor. El título se lo ha ganado a pulso. No sólo lo ha demostrado en solitario o trabajando para otros grupos como M-Clan, Los Hermanos Dalton y Mikel Erentxun. Basta con escuchar los discos de los 091, cuya regreso a los escenarios parece estar más cerca que nunca.

Lapido es también un buen cronista de nuestro tiempo. Lo plasma en sus canciones donde mezcla ironía, visión crítica y poesía. "Mis letras parten de la realidad, pero el subconsciente y cierto sentido de la ironía también están presentes en ellas. La creación muchas veces no es un acto racional al cien por cien. Muchas veces el azar juega un papel importante a la hora de escribir canciones. En definitiva, mis letras parten de lo que veo", dice en una entrevista con Granada Hoy horas antes de ensayar. El guitarrista da mañana el último concierto de presentación de su octavo disco, El alma dormida, en el auditorio Manuel de Falla a las 21:30. 

-Se despide mañana de su disco El alma dormida en el auditorio Manuel de Falla.

-Vamos a dar el último concierto de presentación del disco, sí. Una gira no puede ser eterna. El álbum salió en octubre de 2017. Hemos estado un año entero presentándolo por todo el país. 

-Casi siempre actúa en Granada por estas fechas. Es algo así como el concierto de Navidad para sus seguidores.

-Suele coincidir (ríe). Siempre celebramos un concierto en Granada al principio y al final de cada gira. No ha llegado la Navidad, pero esto es como el turrón. Eso sí, nadie va a salir vestido de Papa Noel (ríe).

-Fugacidad del tiempo, el trabajo como actividad alienada y alienante, una visión descreída de este mundo. ¿Cree que sus letras son propias de alguien que vive en el vertiginoso y deshumanizado siglo XXI?

-¿Me lo has pintado todo muy dramático, no? La vida te da para escribir sobre muchos dramas, pero quiero pensar que los dramas en mis canciones están...

-Camuflados, sí. Sus letras sugieren, como la poesía.

-El contenido poético que puedan contener mis letras no es que suavice la realidad, sino que la moldea. La poesía, al fin y al cabo, es una artificio. Tú puedes describir una realidad de forma poética sin que se ajuste a lo que tus ojos ven, pero sí a lo que tu subconsciente te dicta. Mis canciones parten de la realidad, pero el subconsciente y cierto sentido de la ironía también están presentes en ellas. Es difícil de explicar. La creación muchas veces no es un acto racional al cien por cien. Muchas veces el azar juega un papel importante a la hora de escribir canciones. En definitiva, mis letras parten de lo que veo.

-¿De qué trata de prevenir al público en el tema Cuidado?

-La canción habla sobre la sociedad en la que vivimos. Nos han vendido que con las nuevas tecnologías y las nuevas formas de participación política somos más libres y quizá no sea tan cierto. Quizá sea un espejismo. Hay que tener la mente alerta para defenderte de los mensajes que normalmente llegan de los poderes políticos, los poderes religiosos y las grandes corporaciones. Como todo es más fácil, parece que somos más libres de lo que realmente luego somos. El estar alerta ante la falsa libertad es conveniente.

-Toma prestado el primer verso de Coplas a la muerte de su padre de Manrique para titular su disco. A los músicos os cuesta hablar de las alegrías que os da la vida. Imagino que cuando uno es feliz no está pendiente de coger un papel y escribir lo que siente. ¿Inspiran más las perdidas que las alegrías?

-Sí. A mí siempre me ha inspirado más una perdida que un momento fugaz de felicidad. No creo que la felicidad sea un estado de ánimo permanente.

-¿Es difícil embotellar la felicidad en una canción?

-Sí. Son momentos muy fugaces. Tomé prestado los primeros versos de Manrique porque la grabación del disco coincidió con la muerte de mi madre. Lo que llega y se nos va estaba compuesta a propósito de ese momento. Ese tipo de sensaciones son más fuertes que otras, y son las te hacen coger antes bolígrafo y papel. La felicidad está bien, pero ese tipo de poeta no soy yo.

-En una entrevista dice que su vocación como compositor no despertó a una edad muy temprana. ¿Cómo aprende uno a componer buenas canciones?

-Yo, como mucho otros músicos que conozco, no empezamos en esto porque íbamos al conservatorio desde pequeños. No, no. Los músicos de rock and roll empezamos escuchando discos. Te vas aficionando al género y llega un momento en que el afán de imitación puede contigo. Yo quiero tocar la batería como éste. Empiezas a practicar y en ningún momento es algo innato. Yo no creo en eso de yo nací para artista. Igual ocurre con quien quiere ser director de cine. Empezará a ver películas y habrá algo en su interior que le mueva a meterse en ese mundo. La música que escuchaba de adolescente me llevó a coger una batería y una guitarra. No todos los que tocan un instrumento son compositores. En nuestro caso, queríamos tocar material original. Una cosa llevó a lo otro. Es un proceso muy largo y te lleva a profesionalizarte. No rechazo el papel de compositor. Es mi papel preferido en todo el proceso. Pero no es cosa que tú sepas desde joven. Los acontecimientos se suceden, tomas decisiones y acabas siendo compositor.

-No sólo ha compuesto las letras de sus ocho discos y la mayor parte de las letras de 091, sino que también ha escrito columnas de opinión en Granada Hoy. ¿Es más difícil tomarle el pulso a la actualidad que darle forma a una canción desde cero?

-Las dos cosas tienen su dificultad. No te vayas a creer que escribir una columna semanal era cosa sencilla. Primero había que encontrar el tema. La actualidad a veces no te suministraba temas que se ajustaran a lo que tú escribías, que era algo con cierta carga de ironía y de crítica. Yo me iba por las ramas (ríe) a la hora de analizar la actualidad política de esta ciudad. Cuando escribo una canción me tomo mi tiempo. Dejo que madure. Las dos cosas son actividades creativas muy distintas. 

-¿Cuando compone le agobia la idea de que su obra quede para la posteridad?

-No me preocupa si queda o no para la posteridad, sino de que eso esté ahí. Sabes que vas a dejar una obra que cuanto más pulida esté mejor sobrevivirá al paso del tiempo. Intento que las canciones queden lo mejor posible. Yo llevo grabando discos desde 1981, así que intento dedicarle más tiempo y no sucumbir a errores de juventud,  cuando aún no dominaba este oficio. Uno siempre está en busca de la canción perfecta. Aunque es una utopía.

-Si sigue persiguiendo esa utopía, imagino que algún día la alcanzará.

-Sí, quizá (ríe).

-He leído en otra entrevista que ha sido la primera vez que no ha tenido que pedir dinero prestado para grabar un disco.

-Abrí mi propio sello (Pentatonia Records) en 2005. Desde entonces, todos los discos que he ido sacado los he editado yo. Hay que pagar el estudio, los músicos, el fotógrafo, la fábrica de cedés y de vinilos. Eso requiere una gran inversión. Yo mismo soy mi propia empresa, digamos. He optado por el camino de la autogestión. La gira de los 091 fue bien y no necesité pedir ningún tipo de ayuda.

-¿Cree que las instituciones políticas no apoyan lo suficiente a las bandas de rock a nivel económico?

-Ni está, ni se le espera (ríe). Nunca no os han apoyado. Hay ciclos de teatro, de música clásica, pero no de rock. Eso tampoco me quita el sueño. Uno debe de luchar por lo que cree, no esperar a que la ayuda venga de fuera. Las instituciones deberían tratar mejor géneros musicales como el blues, el rock y el jazz, que para eso hay unos presupuestos públicos que todos pagamos. 

-¿Qué le parece el proyecto Granada Ciudad del Rock?

-Me parece bien todo lo que tenga que ver con promocionar bandas nuevas y crear caldo de cultivo. Otra cosa es que eso signifique que desde instancias oficiales se le den ayudas a grupos. Tampoco se trata de eso. En fin, me parece bien.

-¿Qué hubiera sido de José Ignacio Lapido sin los 091? ¿Y viceversa?

-Aprendí todo lo que sé del negocio con ellos. Me formé como guitarrista y compositor con los 091. Los 14 años que estuvimos juntos fue una experiencia impagable. En 2016, cuando volvimos a resucitar, fue una cosa increíble. Nos dejó muy satisfechos. Cada un teníamos nuestro papel en 091. Ahí no hay niveles de importancia. El grupo funcionaba porque cada uno asumíamos nuestro papel. 

-La pregunta del millón. ¿Veremos a los 091 encima de un escenario en 2019?

-A lo mejor usted sabe más (ríe). Nosotros no hemos abierto la boca. Cuando en 2016 acabamos la gira en el Pabellón de Deportes, dijimos en las entrevistas que habíamos estado 20 años negando la posibilidad de volver. Estuvimos 20 años negando la vuelta porque habíamos hecho un disco en 1996 que se llamaba Último concierto. En cualquier caso, no fue el último concierto y nos juntamos en 2016. Lo que nos íbamos a hacer en 2016 era cometer el mismo error de decir nunca más. Never and never. Porque entonces íbamos a contradecirnos por segunda vez. Si en un futuro se dan las circunstancias, es posible que volvamos.

-Todavía hay feeling encima del escenario. Pasen los años que pasen.

-Cuando hayan nuevas noticias al respecto os enterareis. Por ahora, José Antonio acaba de sacar un disco. Víctor está grabando un disco como El Hijo Ingobernable. Tacho está tocando con los Mama Baker. En un futuro quién sabe... El futuro no está escrito. Lo dijo Joe Strummer.

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