Marina Vargas, feliz artista con voz propia

Artistas de Granada

La artista es una autora actuante, cuya obra abrió horizontes de expectación absoluta y con una realidad artística que, ahora, sigue siendo firme

Marina Vargas, feliz artista con voz propia
Marina Vargas, feliz artista con voz propia
Bernardo Palomo

19 de junio 2020 - 05:00

Granada/No era fácil para la promoción artística a la que pertenecía Marina Vargas, aquella que se licenció en el 2003, seguir el ritmo que había marcado la de los autores que salieron de la Facultad granadina anteriormente a la de ella. Habían sido casi todos muy buenos y continuar en la misma dimensión se antojaba harto complicado. Pero lo que se cocía en el antiguo Manicomio de Granada era muy jugoso y el resultado tenía que ser, también, tan bueno como el que se dio antes con tantos otros. Y lo fue; no cabe la menor duda.

De entre sus compañeros, Marina Vargas fue de las que más rápidamente comenzó a sonar. A mí, Emilio Almagro, de tanto recuerdo en la Granada artística y a quien tanto se le debe, fue el primero que me habló de aquella jovencita que estaba creando la máxima expectación. Muy pronto, se la pudo ver en espacios de muchísima trascendencia; su obra era demandada desde todos los sectores expositivos y su nombre positivamente resaltado por todos. Y esto, en el universo artístico, tan dado al cainismo, era algo a tener en cuenta.

Marina Vargas se posicionó en el mundo de la plástica contemporánea con unas formas y unos modos absolutamente distintos a los de los demás. Era lo esperado de una artista grande como ella que lo estaba demostrando desde el principio. Si se le había acogido con tanto entusiasmo era porque se manifestaba una realidad particularísima que descubría a una artista diferente, con un concepto amplio donde tenía cabida muchos y muy buenos registros. Era, por otra parte, lo que necesitaba una profesión que se encontraba inmersa en un ambiente descorazonador por demasiado adocenado.

Una de las obras de Marina Vargas
Una de las obras de Marina Vargas

La artista granadina comenzó a ser conocida en todas partes porque ofrecía una realidad nueva, con unas fórmulas totalmente diferentes y un concepto que se desmarcaba de los argumentos creativos al uso. Después de haberla encontrado en varias colectivas de significativo interés, fue precisamente en la Sandunga de Emilio Almagro donde me entusiasmé, por primera vez, con su obra. La exposición partía de una particular iconografía armamentística que desarrollaba un amplio abanico de perspectivas. Por un lado, el muestrario de imágenes de armas quedaba supeditado a una contundente manifestación colorista, con siluetas de pistolas, revólveres y rifles, que se repetían y que, al mismo tiempo, suscribía episodios referidos a los ritos mortuorios donde abundaban cráneos y esqueletos, algunos tan cercanas a los ritos sobre la muerte de algunos pueblos americanos, Méjico, principalmente, en intensa disposición acumulativa.

Eran conceptos que nos mostraban el incesante interés de la artista por los arcanos mediatos, por todo aquello relacionado con lo oculto, lo invisible, incluso por la alquimia. Por eso encontramos en la obra de Marian Vargas esa referencia constante a la astrología y al tarot. Asunto este que fue el centro conceptual de La líneas del destino, dentro del proyecto Conexiones, comisariado por el crítico Óscar Alonso Molina y que tuvimos la oportunidad de contemplar en el Museo ABC de Madrid. Proyecto que ha contado, entre sus artistas, a tres importantes relacionados con Granada: Simón Zábell, Jesús Zurita y Marina Vargas, lo que da idea de la importancia de la plástica que tiene como referencia nuestra ciudad.

Aquel trabajo partía de una experiencia personal de la propia Marina Vargas cuando una santera cubana le echó las cartas. Esto sirvió de base para que la artista reinterpretara las cartas, pintándolas en gran formato con esa particular morfología plástica que la caracteriza, en la que jugaba con iconografías de muy dispar naturaleza, elementos extraídos de estéticas parreales, de la imaginería pop, de la simbología indigenista, de los ritos ancestrales de la religiosidad popular americana; en definitiva, referencias a la cultura mejicana, a la brujería caribeña -de donde parte el trabajo-, a la artesanía indígena y, hasta en cierta medida, a la religiosidad popular andaluza.

Creación de Marina Vargas
Creación de Marina Vargas

Muy importante, asimismo, fue la exposición Ni animal ni tampoco ángel, en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga -CACMálaga- en el 2015. Una extraordinaria exposición en la que, de nuevo ese interés por lo oculto se manifestaba, en esta ocasión entablando un particular diálogo artístico con el cuerpo humano como especial asunto. Unas esculturas en yeso eran parcialmente tapadas por unas formas orgánicas expansivas que dejaban en suspenso la realidad para proyectarnos hacia estamentos mediatos que, incluso, ahora, podríamos decir que hacían presagiar esa realidad pandémica en la que nos hayamos envueltos.

Precisamente la manifestación del Coronavirus y sus consecuencias ciudadanas, provocaron la suspensión del proyecto que iba a inaugurar el 28 de marzo y que, ahora, está aplazado hasta nueva fecha. Su título, La voz de Mariana y se trata de una actuación pública en la que, tomando como referencia la estatua de Mariana Pineda en su plaza granadina, un grupo de mujeres maltratadas ofrecerán su particular testimonio. De nuevo la realidad social se hace presente en la obra de una artista cuya capacidad creativa supera el propio medio plástico para situarnos en el centro de una realidad donde la violencia, el abuso del poder y las diferencias establecen y en los que el arte no debe estar ajeno.

Marina Vargas es una autora actuante, cuya obra abrió horizontes de expectación absoluta y que su realidad artística, ahora, sigue siendo firme; su conciencia como artista en ejercicio la mantienen en esa lucha social y personal para conseguir unos horizontes que, ella, sabrá hacer eternamente luminosos.

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