Entrevista Miguel Ríos | Cantante "Para la sociedad-mercado, algunas residencias son contenedores de viejos"

  • El músico vuelve a la carga con dos canciones muy críticas sobre el abandono de los mayores y la fragilidad del sistema ante la pandemia como adelantos de su nuevo disco

El cantante Miguel Ríos, en una foto de promoción El cantante Miguel Ríos, en una foto de promoción

El cantante Miguel Ríos, en una foto de promoción / Nani Gutiérrez

Miguel Ríos (Granada, 1944) ha vuelto y lo ha hecho a lo grande: con dos canciones, hijas de la rabia, el folk y el blues, donde señala las numerosas fallas del sistema neoliberal y rinde homenaje a su generación (ahora que anda sola y mal atendida en hospitales; si no abandonada a su suerte en cualquier hogar de España). El artista vuelve a publicar música movido por el cabreo. En clave de canción protesta (que tan bien conoce), el músico ha querido relatar en La estirpe de Caín su impresión sobre "la catástrofe que está afectando de forma dramática a la humanidad, los sucesos que han acaecido por desgracia en los últimos meses y la manera en que han puesto en jaque los puntos más frágiles del sistema".

Esta crisis mundial le ha pillado en plena gestación de su nuevo trabajo. "Cuando empecé a escribir las nuevas canciones mi meta era contar cómo veía el mundo desde la atalaya de la edad tardía, un tipo que, como yo, ha cantado el paso emocional por todas sus edades casi desde la adolescencia. En eso llegó la plaga y trastocó todos los planes. Todo se relativizó y así sigue", responde cuando se le pregunta vía correo cómo ha cambiado el coronavirus el tono y el planteamiento de su disco. ¿Y la vida? Ahora, según cuenta, intenta "aprovechar el tiempo, evitando las quejas, y tratando de asimilar que aunque creamos que lo tenemos todo controlado los imponderables mandan".

El cantante, quien cumplió 76 años este 2020, inicia así una nueva etapa junto a su banda The Black Betty Trio (con José Nortes a la guitarra y la música), con la que ha grabado el que será el decimoctavo álbum de su extensa carrera. La fecha de publicación del disco, por ahora, se desconoce. Mientras tanto, el artista continúa siendo el mismo rockero cañero de siempre que no duda en defender a la clase trabajadora, a la que ha pertenecido desde sus inicios en la industria musical, y que vive ajeno a modas (asegura no conocer la música de Rosalía y de C. Tangana).

Ríos dará este jueves una charla a las 19:00 sobre los comienzos de la música pop y rock en la ciudad nazarí, organizada por el Ateneo de Granada y presentada por el poeta Álvaro Salvador. Los interesados podrán verla en la plataforma Zoom de la institución (su ID es el 665 785 8476 y el código es el 370763). Antes contesta a un cuestionario por correo donde se despide con un "salud y cuidados". ¡Larga vida al abuelo del rock!

-Su primer single se trata de un blues desgarrador donde reivindica a su generación y aúlla "contra la soledad de la tercera edad". ¿Las personas mayores de este país se sienten abandonadas y desahuciadas por las instituciones públicas?

-Me declaro fan de mi generación. Creo que ha contribuido a la evolución hacia una sociedad mejor. Ana, la protagonista de la canción, es una idealización prototípica de una heroína de la Tercera Edad. La soledad puede ser algo indeseable, pero al final de la vida se convierte en algo dramático. La perdida de prestigio de los mayores, tiene que ver con el cambio de paradigma social, con el fin del concepto Consejo de Ancianos. Nunca hemos vivido tanto, y nunca hemos influido menos. Para la sociedad-mercado de los fondos de inversión, algunas residencias son contenedores de viejos que hay que rentabilizar con el mayor beneficio posible. Por ese abandono y falta de vigilancia creo que las instituciones públicas han fallado estrepitosamente con los mayores en la pandemia. 

-En El blues de la tercera edad reivindica la lucha hasta el final. ¿Cómo se resiste en la sociedad actual donde reina el capitalismo neoliberal y no hay luchas obreras, ni sindicatos con ideología?

-Como dicen que dice Clint Eastwood cuando se mira en el espejo: "No dejes que ese viejo entre en tu vida". Mi canción es un homenaje a los que siguen peleando a pesar de achaques y soledades. Me gustan más los viejos que pelean que los que se amohínan. Me gustan los que se manifiestan por su pensión y por las pensiones futuras, que los que se lamentan y se resignan. Forever young. Hasta el último suspiro todo es vida.

-En La estirpe de Caín denuncia la fragilidad del sistema y se muestra crítico con la clase política mundial. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

-Lo que llama el sistema actual viene fraguándose desde hace décadas. El capitalismo feroz, sin los contrapesos morales del socialismo, se desboca y nos hipoteca el futuro. Con la promesa engañosa de que se podía vivir por encima de nuestras posibilidades, nos obligaron, por exclusión, a vivir por debajo de nuestras necesidades. Así crece la desigualdad social rampante que padecemos y que está en el origen de todos nuestros males. 

-Canta "hay ricos en Mercedes que gritan libertad, el ruido amplificado es un insulto a la verdad". ¿La conciencia de clase es lo último que se debería perder en esta vida?

-La imagen en televisión de un tipo estrafalario con megáfono gritando libertad, en el asiento de atrás de un Mercedes conducido por su chofer perfectamente uniformado transitando por el barrio de Salamanca de Madrid, es difícil de olvidar. Además de una buena línea para mi canción. Por otro lado, parece que la conciencia de clase es patrimonio de la clase trabajadora, pero el primer colectivo que defiende la pertenencia a una clase con uñas y dientes, es la clase alta. Perder estatus es muy jodido. Pero yo, que evidentemente lo he ganado, no dejo sentirme parte del grupo social que me engendró. La lucha por la abolición de las clases es algo utópico, pero luchar por un reparto mas justo de la riqueza es de justicia.

-¿Qué piensa sobre el auge del fascismo y la ultraderecha en Europa? ¿Y sobre Vox?

-Pienso poco porque da miedo. La ultraderecha ha encontrado un caldo de cultivo propicio en las democracias europeas desarrolladas, que no encuentran la respuesta adecuada al deterioro de la convivencia que produce las enormes desigualdades que provoca la ideología neocom. En ese río solo pesca quien enfangue el fondo. Vox es buen generador de turbulencias.

-¿Entiende que se relacione a Podemos con Vox y se hable de estos partidos como extremos?

-No creo que sean equivalentes. Hay mucho interés en emplazar a los partidos en posiciones equidistantes en el espectro político, pero hay mucho más espacio vacío y de radicalización a la izquierda de la izquierda que al contrario. Un pequeño paso a la derecha y se roza el fascismo.

-¿Ha seguido estos meses los esperpentos y sainetes que se forman en el Parlamento? ¿Le avergüenza?

-A eso me refiero con "el ruido amplificado es un insulto a la verdad", a lo ocurrido en el Parlamento. Y no, no me daba vergüenza, me daba rabia. Mientras se vociferaba en busca del voto perdido y la desestabilización, la gente estaba muriendo a mansalva.

-Este viernes se cumplen 45 años de la muerte de Franco. ¿Qué heridas quedan por cerrar en este país?

-Todas las que entierran las cunetas. 

-La Fiscalía abrió recientemente una investigación al Rey emérito por sus cuentas en el extranjero. ¿Piensa que la corrupción en España incluye a la familia real?

-A ver qué sale, pero tiene muy mala pinta. Pensar que el Rey parecía un tipo ejemplar del que estuvimos orgullosos una noche de febrero. Estuve con él en algunas ocasiones y parecía tan campechano como cuentan que eran los Borbones. Esa cercanía y los servicios prestados en la Transición, mitigaban mi republicanismo. Pero de ahí a esto que está saliendo…

El músico posa antes de una charla en la Universidad de Málaga el año pasado El músico posa antes de una charla en la Universidad de Málaga el año pasado

El músico posa antes de una charla en la Universidad de Málaga el año pasado / Javier Albiñana

-En su último videoclip aparecen fotografías de las colas del hambre, la saturación en centros sanitarios, el cierre masivo de comercios locales y el hospital de campaña de IFEMA. ¿Qué siente al ver estas imágenes?

-Cuando hablé con Manu y Ángela Notario de Afterlive buscábamos imágenes que no edulcoraran la canción. Las conseguimos en unas cuantas oenegés, a las que agradezco el préstamo. Cuando veo el clip, siento desasosiego. El mismo que sentí al escribir la canción y el mismo que sentiré al cantarla. No es un tema complaciente, ni está aquí para hacer amigos. Está para llamarnos la atención, para que busquemos alternativas a este sinsentido.  

-Las concentraciones del 8M, las marchas multitudinaria por el clima y el movimiento Black Lives Matter también protagonizan las imágenes de su nuevo videoclip. ¿Estos son las grandes revoluciones que vienen en camino?

-La revolución pendiente es salvar el planeta, para salvarnos nosotros, porque la Tierra seguirá dando vueltas sin nosotros. Y eso debería hacernos cambiar de paradigma. Lo público lo primero: la alerta ambiental, educación, sanidad, ciencia, cultura, vivienda, transporte, etc. Libertad de expresión, credo, culto, sexo, color de piel e ideología. Y como nueva tabla de valores: no pretender vivir por encima de nuestras posibilidades como especie, pero no permitir que vivamos por debajo de nuestras necesidades como seres humanos.

-¿Se muestra optimista respecto al futuro de este país?

-No mucho, pero la esperanza es lo último que se pierde.

-Sus dos adelantos beben del blues y el folk. ¿Hay espacio para la música popular tal y como se entendía hace un siglo ahora?

-Mi oficio está cambiando tanto, que del modelo de ayer, casi no queda ni su representación física. Pero siempre habrá chicas y chicos que quieran contar sus historias sobre los tres acordes que cambiaron el mundo. Veo gente nueva haciendo buena música. Las grandes bandas siguen creciendo y, antes de la pandemia, el rock gozaba de un buen estado de salud.

El artista en una imagen de su último videoclip El artista en una imagen de su último videoclip

El artista en una imagen de su último videoclip / G. H.

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