En los márgenes

El Partal, nuevas aportaciones

  • Bárbara Boloix Gallardo recuperó la figura de Muhammad I ibn al-Ahmar (2007) y ahora José Tito Rojo le ha buscado casa (2023)

El Partal antes y después.

El Partal antes y después. / Torres Molina

Hace poco, a finales de 2023 José Tito Rojo en sus discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de Granada: Los primeros jardines de la Alhambra (1238-1314) Una hipótesis paisajística, desarrollaba su propuesta sugerente que vincula a Muhammad I ibn al-Ahmar con este espacio, el fundador de la dinastía nazarí, y propone una interpretación unitaria y coherente de todo el espacio del Partal.

El Partal se nos presenta como un palimpsesto deslabazado. Arthur von Gwinner (1856-1931), empresario alemán, fue su propietario hasta que en el año 1891 lo cedió al Estado Español, para su restitución a los alcázares de la Alhambra de los cuales formó parte hasta 1828. El contexto fue una serie de órdenes para proteger la Ahambra (1870, 1872 y 1876) declarándola Monumento Nacional , histórico artístico, a la que siguieron diversas expropiaciones y compras de terrenos. Pero antes de cederlo desmontó y se llevó a su casa de Berlín la cúpula de madera ataujelada del mirador de la Torre de las Damas. En 1978 sus herederos la vendieron al Museum of Islamic Art de Berlín.

Precisamente en 2017, cuando tenía la responsabilidad del conjunto monumental, desde el museo se pusieron en contacto con nosotros solicitando autorización para realizar unas mediciones e investigaciones para la nueva museografía de la pieza. De forma oficial, por escrito con registro de salida, le comuniqué la autorización a dichas labores y la reivindicación de que la cúpula pudiera volver a su contexto, a la Alhambra, de forma permanente, y la necesidad de iniciar conversaciones para conseguir ese objetivo, además de indicar algunas correcciones para la cartela explicativa de la obra. Lo que les reiteré cuando realizaron la visita.

La reproducción de esta techumbre para su lugar original la realizó el ebanista José Romera Baena en 1964, bajo la supervisión de Jesús Bermúdez Pareja (1908-1986), con la intención de que fuera provisional.En 1923-1924 Leopoldo Torres Balbás realizó la restauración del pabellón de El Partal, suprimiendo los muros que cerraban el pórtico y en lugar de columnas colocó unos pilares de ladrillo al estilo almohade. En 1965 Francisco Prieto Moreno (1907-1985) sustituyó los pilares de ladrillo por columnas de mármol.Ibn al-Ahmar cuando decide ubicar la capital del reino nazarí en Granada dispone de diferentes espacios. Por una parte la Alcazaba Qadima, en el Albayzín, donde se ubicó la residencia de los monarcas del reino zirí de Granada. Su principal inconveniente es que se situaba en una zona densamente poblada y ante una revuelta interna era un lugar poco seguro. Por otra parte la Alcazaba en La Sabika. La Torre del Homenaje fue reformada por ibn al-Ahmar, significaba el lugar más seguro, el corazón de la Alcazaba, rodeada de sus fieles tropas, una vivienda para tiempos de peligro y emergencia, pero como lugar habitual de residencia de un sultán y de recepción protocolaría no cumplía con esas funciones. Otro sitio era el Generalife, construcción de origen almohade. Esta almunia con sus huertas y ganado constituía la despensa y era un lugar muy agradable para primavera y verano, pero desde el punto de vista defensivo se encontraba distante de la Alcazaba y poco protegido.

Muhammad I ibn al-Ahmar decidió hacer una nueva ciudad palatina junto a la Alcazaba, además fue el monarca que reinó más tiempo, entre 1238 y 1273. Para conseguir este objetivo necesitaba en principio tres cosas: amurallar el perímetro de la futura ciudad palatina, llevar el agua, para lo que se construyó la acequia real, y aterrazar el monte, lo que permitió el desarrollo por sus sucesores de diferentes palacios. Una ciudad palatina necesitaba de un palacio para el sultán y de otros para los jefes de los linajes y militares de alta responsabilidad, así como de una mezquita, unos baños y una zona agrícola y ganadera para las necesidades internas, y de artesanía de lujo que pudiera controlar directamente el gobierno del reino. En la construcción de las murallas está clara la intención de una planificación para desarrollos futuros.

Recordemos algunos hitos importantes en la conceptualización del monumento. Oleg Grabar (1978) aportó una visión más allá de la artística y estética del Patio de los Arrayanes como representación simbólica del poder del sultán. Rafael Pérez Gómez investigó las proporciones matemáticas de la Alhambra (1987, 2007, 2018). Gracias a las investigaciones de Antonio Fernández Puertas (2010, 2018) conocimos en profundidad el horologio de Muhammad III o la figura de Muhammad V. El proyecto SONBIO, coordinado por Diego Pablo Ruiz (2016) del departamento de Física Aplicada de la Universidad de Granada, en su investigación sobre el patrimonio sonoro y energético del monumento, nos descubrieron las propiedades de la alberca del Patio de los Arrayanes como climatización del espacio y de depuración natural del agua del baño real. Ahora José Tito Rojo (2023) nos ofrece una hipótesis de interpretación unitaria y coherente del espacio del Partal.

Según su propuesta ibn al-Ahmar sería el constructor del Palacio del Partal Alto. Lo que hoy se denomina Palacio del Partal, en la parata baja, sería un pabellón con funciones de mirador y lúdicas. En ese espacio habría también una seríe de “huertas de primor”.

Con independencia de que las necesarias investigaciones arqueológicas en la zona con técnicas actuales corroboren su vinculación cronológica a ibn al-Ahmar o a sus sucesores, lo verdaderamente importante y la aportación de Tito Rojo es esa interpretación, fundamentalmente paisajística y de reinterpretación de algunos textos, que confiere una visión unitaria y coherente del espacio. Torres Balbás ajardinó algunas huellas de las estancias del Palacio del Partal Alto, lo que dificulta su comprensión, y los restos arqueológicos de la mitad del palacio se encuentran enterrados debajo de un jardín de un carmen privado.

Esta cuestión, y es solo un ejemplo, pone el dedo en la llaga, de que la investigación debe ser el eje principal y central en la Alhambra, por encima de la comercialización del conjunto monumental y de la difusión de actividades y exposiciones que deben ser complementarias

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