Santiago Auserón | Músico “La sociabilidad es lo que nos constituye como seres humanos”

  • El artista, uno de los músicos españoles más relevantes, actúa este martes en el Festival de Jazz en la Costa

Santiago Auserón Sexteto, mañana martes en Almuñécar.

Santiago Auserón Sexteto, mañana martes en Almuñécar. / R. G.

Santiago Auserón es uno de los músicos más relevantes de la historia de la música en España. Cantante, compositor, escritor, investigador, conferenciante y filósofo. Creador de Radio Futura, a lo largo de los años se ha forjado una carrera llena de éxitos que culmina con el proyecto musical de Juan Perro. Es también el responsable de haber descubierto para el público la inmensidad de la música cubana a través de la serie La semilla del Son, y de rescatar del baúl del olvido a mitos como Compay Segundo o de hacer justicia a nombres como Kiko Veneno.

En 2003 actuó en Jazz en la Costa con la Fábrica de Tonadas, formación que reunía a destacados músicos de jazz: Jorge Pardo, Chano Domínguez, Marc Miralta, Jordi Bonell y Javier Colina, con un concierto sensacional que aún perdura en la memoria de muchos aficionados. En 2021, Juan Perro vuelve a Almuñécar, a un escenario tropical idóneo para su propuesta musical, para presentar una compilación de doce composiciones con influjos panamericanos vistos desde el extremo sur de Europa: Cantos de Ultramar. (22:00 horas, Parque del Majuelo).

La herencia negra norteamericana, la frontera mexicana, el son y la trova cubana, ecos de otras regiones del Caribe, tonadas del Cono Sur y ciertos ai­res lusos han dejado huella en estas canciones, editadas en el álbum El viaje (La Huella Sonora, 2016), cuyos arreglos han sido elaborados para sexteto durante varios años de ensayos, conciertos y sesiones de grabación. Culmina así un trabajo hecho en equipo, a lo largo del cual el nombre de Juan Perro ha pasado a representar a un colectivo de músicos que en su mayor parte provienen del ámbito jazzístico.

–A Almuñécar ya vino con La Fábrica de Tonadas… Fue una de las pocas veces de ver juntos a Jorge Pardo y Chano… Y es el responsable de que el festival abandonara la gratuidad, porque metió allí a casi 4.000 personas…

–(Risas) Lo siento (risas). Espero que haya sentado bien al festival, lleva muchos años en esto y, aparte del apoyo institucional, espero que sea bueno tener recursos propios para garantizar su supervivencia, así que si hemos contribuido un poco me alegro mucho (risas).

–¿Ser maño marca carácter? Se lo digo porque dicen que hay similitudes entre el punto guajiro y el folclore aragonés…

–Ostrás, estoy de acuerdo, es la parte más blanca de la música cubana. La jota es un fenómeno troncal de la península Ibérica que se ha extendido por muchas zonas, y como sus formas se reconocen en toda la música occidental, desde los verdiales de Málaga a los fandangos de Huelva. Está claro que hablamos de una raíz muy extensa. Lo del carácter (risas)… No sé si para bien, ahí está, y como dice un dicho baturro: ‘el que nace barrigón tontería que lo fajen’ (risas).

–Pero pasó años en Huelva… ¿tomó conciencia allí de la inutilidad de las fronteras y su vocación estanca, como cantaba Carlos Cano en María la Portuguesa?

–Cuatro años viviendo, sí. Tomé conciencia del papel social de la música popular; mientras en mi tierra era una rareza en la urbe, no era moderno y Zaragoza en los tiempos de la base americana quería ser moderna, en Huelva… (risas) lo primero que me llamó la atención fue la velocidad del lenguaje, contrayendo palabras y frases, como hacen los ingleses. Luego la musicalidad vivísima y la facilidad con que los chiquillos y los mayores se reunían para cantar y bailar. Efectivamente, en Huelva la frontera era muy permeable, y mucha gente manejaba los dos idiomas.

–Oigo su disco y me sugiere el formato de las orquestinas de antaño, con un cantante crooner de andar por casa…No sé si comparte esa imagen.

–Tamaño cabaret, sí, sí, lo hemos pergeñado así. Buscamos las medidas más cercanas, incluso la distancia física de los músicos, la cercanía y la proximidad en el estudio. La toma inicial es muy cercana y la sonoridad que deriva de ello es muy de club, de escenario pequeño. Cuando pensábamos cada tema, por ejemplo en La frontera, imaginábamos un club de Tijuana, ese ambiente nocturno o un cabaret de frontera. Y por otro lado, ese tamaño de sonido comunicaba con el trabajo de los clásicos al acercase a la música popular, pensemos en el Kurt Weill y el cabaret berlinés… Ese tipo de sonoridad básica caracteriza este proyecto, de música popular con voluntad de pesquisa.

–Un amigo, estudioso y promotor del jazz adoptó una niña de Togo, y se asombra de que sin saber música hace ya ritmos imposibles y, en sus palabras, fascinantes... Convendremos en que el corazón de nuestras músicas vino de ese sur, aunque aquí lo hemos ‘blanqueado’ ¿El ritmo como sistema de pensamiento y comunicación lo hemos perdido, como el olfato?

–En cierto modo queda en una parte del cerebro humano, sigue ahí latente. Lo que pasa es que el sistema de transmisión de tradiciones y la educación juega un papel importantísimo. Aquí perdemos ese concepto del ritmo cada vez que la censura controla el sistema educacional, y lo recuperamos a la vez que la consciencia interétnica. Lo que sucede en África, o en el mundo flamenco más cabal, es que esa trasmisión es educacional y desde la infancia, vivido por todos los ancestros de la familia, y está tan arraigado que contagia con una facilidad tremenda. No me atrevería a decir que es genética, sino educacional, pero con un poder de trasmisión tan grande que se convierte característica.

–Usted se doctoró en Filosofía, una materia que en los planes de estudio parece tan obsoleta como el griego o el fenicio… ¿estamos ya empezando sufrir los efectos de un pensamiento de 140 caracteres?

–Sí, decididamente, desde antes de la reducción del espacio en los mensajes y el pensamiento. Todo lo que no tiene la velocidad de la red no funciona, desde el uso personal de los soportes que maneja cada individuo hasta las finanzas. Pero yo creo que es un espejismo contra el que nos podemos resistir, igual que las ciudades necesitan volver a la bici para no asfixiarse, o los aficionados a la música decidimos volver la vinilo para tener cierto tipo de sonido hogareño. Hemos ido demasiado rápido y nos estamos dando cabezazos contra una esquina. Hay que reducir los impulsos porque atontan a la misma velocidad. La estrategia más prudente sería preservar el lenguaje y la diversidad musical, porque ahí está contenida una parte sustancial de la memoria humana. Hay que rebelarse, jugando no caer en lo obvio, con sorna y humor, y buscar la sociabilidad que es lo que nos constituye como seres humanos.

–Y ya por último…hace un par de años, cuando se podía, un dúo de un hotel de viajes del Imserso en Almuñécar tocaba a Nacha Pop, Secretos y... ¡su Enamorado de la moda juvenil!...

–Noooo, (carcajada) la significación de las edades ha cambiado mucho. A los que tenemos la edad de la jubilación no nos dejan hacerlo, o no nos apetece, porque no hay un rincón amable donde podamos hacerlo (risas). Casi el único refugio es el que cada uno se ha labrado, ustedes con sus letras o yo con mis canciones… El mercado nos expulsa y va haciendo falta un consejo de ancianos de la tribu. Los jubilados tienen que luchar por sus derechos en serio, y éste es un tema muy importante en este país, porque ellos tienen las ideas mucho más claras para hacer frente a este reality show en que se ha convertido la política.

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