Concierto

Sergey Malov inaugura con éxito la temporada de la OCG

Sergey Malov inaugura con éxito la temporada de la OCG Sergey Malov inaugura con éxito la temporada de la OCG

Sergey Malov inaugura con éxito la temporada de la OCG / Antonio L. Juárez/ Photographers (Granada)

La Orquesta Ciudad de Granada inaugura con gran éxito de taquilla su temporada de otoño, pese a la reducción de aforo y a las medidas especiales de control y prevención obligadas por la actual situación sanitaria. Para su primer concierto de temporada ha contado con Sergey Malov, que actuó como director y solista, y que supo imprimir su particular carácter y concepción musical al repertorio, oportunamente escogido.

Hace tan solo una semana arrancaba el curso escolar, y con él nuestra orquesta ofrecía un concierto solidario a beneficio de Cruz Roja. De este modo la institución se incorpora al movimiento cultural que promueve la continuidad de una actividad artística, literaria, teatral y musical bajo medidas seguras de prevención y distanciamiento. Este fin de semana, siguiendo con esa premisa, el Auditorio Manuel de Falla se ha llenado al 60% de su capacidad en lo que ha sido un exitoso inicio de temporada, pues prácticamente todos los abonos se han renovado y las entradas disponibles se han vendido rápidamente. Así pues, hemos de dar la enhorabuena a la formación y a su actual gerente por los esfuerzos realizados al respecto, que garantizan nuestra salud y bienestar y permiten que disfrutemos de una magnífica programación de otoño con la mejor música.

Para la apertura de temporada nos visitó el director ruso Sergey Malov, un versátil músico que domina varios instrumentos de cuerda y que acostumbra a dirigir desde el puesto de solista, particularmente en el repertorio barroco. Tal fue el caso de la primera obra del programa, el Concierto de Brandemburgo núm. 1 en Fa mayor de Johan Sebastian Bach. Malov dirigió e interpretó la parte solista del  violín piccolo, un instrumento de menor tamaño que el violín habitual que, debido a su registro más agudo, produce una sonoridad muy brillante. La ductilidad de la OCG para transmutarse en orquesta clásica o barroca es ya conocida por sus seguidores, por lo que no sorprendió la preciosa sonoridad de cámara que adquirió al salir al escenario en una versión más reducida. Segey Malov imprimió un carácter vivo y marcado a su interpretación de esta obra, con tempi ligeros y dinámicas muy claras. Su virtuosismo al violín estuvo al servicio de las partes solistas con gran versatilidad, acompañado por los solistas de oboe y trompa de nuestra magnífica sección de vientos. El conjunto, que creció en empaste y belleza de sonido a cada movimiento, recibió una calurosa ovación.

El conjunto, que creció en empaste y belleza de sonido a cada movimiento, recibió una calurosa ovación

La segunda obra del programa fue igualmente curiosa en su interpretación, ya que Malov utilizó un violoncello da spalla para interpretar el Concierto para violoncello en La mayor de Carl Philip Emanuel Bach, el segundo de los hijos del Cantor de Leipzig y sin duda el de mayor proyección artística y músico de la corte de Federico el Grande. Como el propio director explicó, la particularidad del instrumento solista utilizado para este concierto es que, estando afinado en el registro del violonchelo pero siendo menor de tamaño; resulta curioso por la forma de ser tocado, ya que se coge como una guitarra pero se toca con arco. Aparentemente complicado en su desarrollo interpretativo, sobre todo por la dificultosa posición de las manos tan alejada del violín, Malov volvió a asombrar por su versatilidad al interpretar magistralmente las tres partes de este concierto, dirigiendo a su vez a una reducida orquesta de cámara que desarrollaba el tutti. La obra, muy en la línea del Sturm und Drang de mediados del siglo XVIII, requiere un perfecto dominio de la dinámica y el ritmo, puestos al servicio de los efectos expresivos de la partitura. Nuevamente la dirección fresca y emotiva de Malov  y la capacidad de adaptación de la orquesta fueron garantía de éxito, y la prolongada ovación del público inspiró una improvisada pieza fuera del programa: el preludio de la Suite núm. 3 para violonchelo en Do mayor de J. S. Bach, tocada en el violoncello da spalla.

El concierto se cerró con otra obra de pequeño formato orquestal, el Concierto para orquesta de cámara en Mi bemol mayor “Dumbarton Oaks” de Igor Stravinsky. Compuesta dos siglos más tarde que la obra que iniciaba el programa, guarda una estrecha relación con ella, ya que el compositor ruso escuchaba a menudo a Bach durante su composición, y llegó a inspirarse en los Conciertos de Brandemburgo para la escritura de esta pieza. De tintes neoclásicos, está concebida para una orquesta de cuerda reducida con una sección de vientos formada por flauta, clarinete, fagot y dos trompas. Sus tres movimientos fueron recreados magistralmente por esta pequeña OCG sin solución de continuidad, con el cuidado control de Malov desde el atril de director que confirió a su interpretación un carácter historicista muy apropiado para la ocasión, haciendo las delicias de la audiencia.

Malov, agradecido por la cordial acogida del público granadino, quiso ofrecer una propina fuera de programa, y volver a utilizar el violín piccolo; mas, como el propio director comentó, el repertorio para este instrumento es muy limitado, por lo que decidió realizar una transcripción de una obra pre-existente: el  Concierto para violín en La menor de Vivaldi, transcrito a Do menor para violín piccolo y orquesta.

 

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