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Tabea Zimmermann, la violista en el Olimpo musical

  • La solista actuará esta noche en el Patio de los Arrayanes con obras de Hindemith, Schumann y Alban Berg y Kurtág

La solista de viola Tabea Zimmermann, considerada una de las más virtuosas en este instrumento en el mundo, ofrecerá hoy en el Patio de los Arrayanes un concierto basado en obras de Robert Schumann, Paul Hindemith, Alban Berg y György Kurtág.

Acompañada por Silke Avenhaus al piano, Zimmermann ofrecerá en el marco del Festival Internacional de Música y Danza de Granada un original programa cuya primera parte pasa por Schumann y Berg.

Del primero interpretará sus Imágenes de cuentos, y del segundo una versión para viola de Siete canciones de juventud, según informó ayer la organización.

La solista de viola se detendrá un momento en uno de los grandes maestros vivos, el aforista húngaro György Kurtág, que escribió una de estas miniaturas precisamente para Zimmermann: "Una flor para Tabea".

La segunda parte incluirá la transcripción para la viola de una de las grandes obras del repertorio, la Sonata para violín y piano de César Franck, evocadora del universo de Proust.

Cuesta creer que exista en la actualidad un violista (hombre o mujer) más importante, completo o influyente que la alemana Tabea Zimmermann. Bien sea en su pura faceta de instrumentista (solista y camerista por igual), en su condición de destinataria de nuevas partituras compuestas expresamente para ella (György Ligeti quedó hechizado tras oírla tocar a los veintiséis años y le ofrendó su colosal Sonata para viola sola) o en su labor pedagógica (el último prodigio salido de su aula berlinesa es el francés Antoine Tamestit), Zimmermann ha alcanzado muy pronto el Olimpo de los violistas, que comparte junto a figuras legendarias como William Primrose, Lionel Tertis o Paul Hindemith, este último un referente y un acicate constante en su carrera.

Premiada por la localidad natal del compositor Paul Hindemith, Hanau, situada en las afueras de Fráncfort, no puede causar ninguna extrañeza que su música figure en el recital de esta noche. Como miembro del cuarteto Amar y como solista, Hindemith fue un abanderado de la causa de su instrumento sobre los escenarios de medio mundo y muchas de las mejores páginas escritas para la viola en la primera mitad del siglo XX salieron de su pluma. Sola o secundada por piano u orquesta, la viola es, en manos de Hindemith, un dechado de recursos expresivos y tímbricos. Pocos dípticos son más representativos de sus capacidades que la quinta (para viola sola) y la cuarta (para viola y piano) entregas de su op. 11.

El final de la Primera Guerra Mundial parece asomar en el aire luminoso y sereno de la Fantasie que abre la obra que sonará esta noche, alumbrada en 1919. Lo mismo sucede con el diáfano tema y variaciones posterior, que enlaza sin solución de continuidad ("La Sonata se interpretará sin pausas entre los movimientos, y especialmente el segundo y el tercero habrán de estar tan unidos que el oyente no tenga la sensación de estar escuchando un Finale, sino que el último movimiento debe entenderse únicamente como continuación de las variaciones", escribe Hindemith al comienzo de la partitura) con un movimiento -con mucho, el más extenso de la Sonata- que, mediado su curso, suma a las cuatro variaciones ya escuchadas tres más, la segunda de ellas un extenso fugato que ha detocarse «con una extravagante tosquedad» y que nos recuerda inevitablemente al admirador incondicional de Bach.

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