"Vivimos en una sociedad en la que se ha pervertido el sentido de la bondad"

Ángeles Caso habló ayer en Granada de todos los sentimientos que caben en 'Contra el viento', una novela que tiene detrás el nombre propio de São, la emigrante de Cabo Verde que le hizo ganar el Premio Planeta

La periodista y escritora Ángeles Caso, ayer, en la Casa de los Tiros, antes de la presentación de su novela 'Contra el viento'.
La periodista y escritora Ángeles Caso, ayer, en la Casa de los Tiros, antes de la presentación de su novela 'Contra el viento'.
Blanca Durán / Granada

17 de marzo 2010 - 05:00

Decidió convertirse en la voz de São, una mujer de Cabo Verde con demasiado coraje y mucho que enseñar, y le contó su historia al mundo a través de las páginas de Contra el viento, la novela que convirtió a Ángeles Caso en la última ganadora del Premio Planeta la noche del pasado 15 de octubre. El jurado alabó entonces de ella su capacidad de darle alas a la bondad del ser humano; ella, por su lado, prefirió recordar que se trataba de darle voz a "tantas y tantas mujeres invisibles".

-Tener contacto con una historia como la que cuenta en Contra el viento debe casi obligar a un escritor a llevarla al papel...

-Es probable. Conocí esta historia porque le ocurrió a una amiga mía que trabajó conmigo y que me ayudó a cuidar de mi hija cuando era pequeñita y con la que luego he mantenido muy buena relación. La historia que le pasó me pareció tan sorprendente, tan impresionante y que demostraba tantas cosas respecto a ella, respecto a su valor y su capacidad de luchar, que pensé que de ahí podía salir una buena novela y que era una historia que merecía ser contada.

-¿Cuál ha sido la gran lección que ha aprendido de São, la protagonista de su novela, tras contar su historia?

-La gran lección, no sólo de São, sino de todas estas mujeres inmigrantes de las que me he ido haciendo amiga a lo largo del tiempo, es la enorme fortaleza que tienen, la capacidad de lucha y lo ñoños a menudo que somos nosotros, que nos quejamos de cosas de las que realmente no tenemos ninguna razón. Cualquier cosa pequeña que nos pasa y nos desorganiza un poco nos parece una catástrofe, cuando más de la mitad de la población del mundo vive en la catástrofe absoluta desde que nace.

-Después de escribir este libro, ¿sabría decir si España es un país racista o es que simplemente estamos mal acostumbrados?

-Yo creo que somos más racistas de lo que reconocemos... Tengo bastantes amigos negros y mulatos que me cuentan cosas sorprendentes sobre insultos, agresiones y menosprecios a los que son sometidos y que siempre queremos creer que en España no ocurren, pero sí pasa... Lo de quejarnos por tonterías se ve continuamente. Ahora, con las inundaciones en Andalucía o los cortes de luz en Cataluña, que son situaciones desagradables y que han traído muchísimas pérdidas a muchísimas personas, tendemos a hacer una tragedia, pero la realidad es que pasan auténticos desastres como el de Haití. Tenemos tantos bienes materiales, tanta protección social y estamos tan cobijados económicamente que cualquier cosa que nos altere se nos hace muy cuesta arriba.

-Si los libros pudiesen ayudar algo a cambiar algunos de los grandes problemas del mundo, ¿en qué le gustaría contribuir con Contra el viento?

-No quiero ser ilusa a ese respecto, nunca he creído que los libros cambien demasiado las cosas, o si lo hacen, es a base de sumarse muchos los unos a los otros... Pero la verdad es que me gustaría que este libro sirviese para que al menos una persona después de leerlo vea con otra mirada a la mujer que va a limpiar a su casa o a la que friega la escalera, que ha venido de muy lejos y con una vida muy dura tras su espalda.

-Álvaro Pombo dijo la noche del Premio Planeta que su novela "aspira a la bondad"...

-Es que yo la reivindico mucho en esta sociedad en la que la bondad no goza de demasiado buen prestigio, sino al revés, que muy a menudo es objeto de burla. Yo creo que sólo sobreviviremos como especie en la Tierra o como grupos sociales si comenzamos a ser más bondadosos entre nosotros, pero también con el resto del planeta. No creo en la bondad como una cosa tonta o que se haga por naturaleza; creo en la bondad como el producto de una reflexión intelectual y como un esfuerzo de la voluntad. No creo en la gente buena que no se mete en líos; las buenas personas tienen que meterse en líos, porque cuando no lo hace acaban pasando cosas como las que sucedieron en la Alemania nazi. Si realmente aspiras a que la bondad tenga un papel activo en la vida humana hay que meterse en líos. Yo creo que es cada vez más importante, y más en una sociedad en la que parece haberse pervertido por completo el verdadero sentido de la bondad.

-Hace quince años ya fue finalista del Premio Planeta. ¿Da por saldada su 'deuda' con él?

-En realidad no tenía ninguna deuda, para mí ser finalista del Planeta con mi segunda novela a los 34 años y justo la edición en que ganó Camilo José Cela, fue lo más a lo que podía aspirar. Nunca quise presentarme en este tiempo al Planeta porque guardaba muy mal recuerdo de esa época, fue justo cuando mi padre enfermó y murió. Yo viví ese tiempo, que la gente se creía que estaba triunfando, como una tragedia personal, así que le tenía un poco de yuyu al premio. No pensaba que me iba a volver a presentar al Planeta, pero lo hice porque tenía una novela que creía que no desmerecía el premio, que podría responder a su prestigio y porque al cumplir 50 años una empieza a ver la vida de una forma diferente. Reflexioné y me dije: vivo en una casa de alquiler y no tengo nada. Pero si no me hubiera presentado ni ganado tampoco habría pasado nada; los premios son un adorno que no tienen mucho que ver con la verdadera calidad de tu obra ni con la satisfacción que tú tengas.

stats