A la búsqueda de un nuevo entorno artístico

Ignacio Estudillo, artista jerezano, aunque afincado hace años en Granada, construye el entorno artístico desde la propia obra para alcanzar un nuevo discurso representativo

Nacho Estudillo, modelo a seguir

Una de las obras del artista.
Una de las obras del artista. / Bernardo Palomo

Ignacio Estudillo es de los artistas andaluces, de esos que ahora llaman de media carrera, que presenta un concepto artístico mejor sustentado conceptualmente; de los que tienen una cabeza mejor estructurada; así como de los que gozan de un planteamiento formal mejor definido y con la suficiente capacidad para estructurar una pintura sin límites, abierta a todo y con una distribución compositiva adecuada tanto en fondo como en forma. De todo ello no me cabe la menor duda. El adverbio 'mejor' no adopta el más mínimo sentido de hipérbole extravagante y exagerada en un artista que, desde muy joven, planteaba una realidad creativa poderosa, llena de fortaleza plástica, de sabiduría pictórica y lucidez manifiesta ante cualquier situación por difícil que esta fuere.

He estado muy cerca de la pintura de Nacho Estudillo desde que lo descubrí en aquel recordado Certamen de Pintura que organizaba la chiclanera Fundación Viprén en el que su obra, como en tantísimos otros premios, fue la ganadora. Después, lo he visto evolucionar de manera sensata y conseguir unos postulados pictóricos donde cada una de las acciones propuestas sumaban y adquirían la potestad de una realidad artística dimensionada hacia lo mejor del arte contemporáneo. Pintura que buscaba parámetros distintos, que se acercaba a estructuras nuevas donde continente y contenido se yuxtaponían para crear un nuevo desarrollo plástico y estético.

Pero lo mejor de Nacho Estudillo no es su impresionante capacidad para mostrar unos desenlaces artísticos que superaban los meros desarrollos representativos. Eso en su pintura se da por hecho porque asoma y se hace presente desde la primera pincelada. En su ideario estético hay mucho más. Hay, en primer lugar, una idea, un planteamiento conceptual perfectamente concebido, adecuadamente suscrito para que organice cualquier realidad final. En su trabajo no sólo se lleva a cabo una contundente propuesta plástica, definida desde la rigurosidad del que sabe hacer todo con serenidad, seriedad y conciencia estructural. Pero existe más, mucho más, le da una vuelta de hoja al propio sistema representativo, a la pintura y su realidad, al desenlace del sentido artístico; incluso, a la manera canónica de presentar la obra en el contexto general del paisaje expositivo, en las salas y galerías. Esta idea no es nueva en el transcurrir artístico de Nacho Estudillo; se ha en evidencia en varias ocasiones; así lo vimos en su exposición en la Sala Ático del Palacio de los Condes de Gabia o en aquella muestra ‘Trust the process’ en la galería gijonesa ATM. En ambas, ya, adelantaba la idea de cuestionar el sistema artístico, de dar un nuevo giro a todo, de establecer parámetros que definan un concepto que, a fuerza de repetición, de ser poseer casi siempre la misma identidad puede parecer agotado y con la absoluta necesidad de encontrar nuevos espacios donde haya un nuevo orden.

Para esta ocasión, el artista nacido en Jerez pero afincado desde hace años en Granada, se une a otro muy buen artista andaluz, el sevillano Eladio Aguilera; también preocupado por una realidad existente anclada en un proceso, tal vez, con ansias de detener su ambular igualatorio. Los dos conforman una muestrea en la galería que dirige Juan Cruz al final de Muro de los Navarros, ya lindando con la Puerta Osario, que se empeña en dotar a la ornamentación que existe tras el sentido decorativo del arte de un proceso distinto. Ahora existe un nuevo concepto, alejado del arte como realidad decorativa. La obra no es un elemento expuesto para dotar de entidad al espacio; es la realidad central del espacio, más importante, incluso, que la propia arquitectura donde se presenta. Lo es porque crea espacio arquitectónico, porque es la arquitectura, el poder actuante del entorno físico; el ente generativo que vivifica una realidad desde la propia obra de arte.

Ambos artistas construyen el entorno artístico desde la propia obra para alcanzar un nuevo discurso representativo. En la experiencia artística -no podría decirse que existan dos muestras distintas de dos artistas diferentes- las piezas interactúan entre sí, abren perspectivas, dibujan un nuevo estamento expositivo, un nuevo estado físico donde la obra -también el espectador- marca una realidad corporativa que difumina la dimensión tradicional decorativa y el concepto de obra arte para promocionar un espacio experimental que transforma cualquier realidad para alcanzar una nueva dimensión donde todo es posible con un sentido novedoso del arte por el propio arte.

Lo mejor que le puede pasar al Arte en general y al desarrollo expositivo en particular es encontrar artistas con las ideas claras y perfectamente asimiladas para que hagan posible el establecimiento de un nuevo asunto que rompa con ese agotamiento manifiesto de lo artístico. Nacho Estudillo lo hace; lo lleva haciendo desde hace tiempo. Ahora, con un indiscutible paso adelante y con la complicidad de otro artista de ilustre avanzadilla conceptual como es Eladio Aguilera, nos encontramos con esta exposición donde el proceso ya no es igual y busca el apasionamiento de una estructura donde la representación distribuya un nuevo concepto.

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