Comares publica la primera guía en abierto sobre el uso de la IA de una editorial privada de libros científicos
La editorial granadina es pionera en España con la redacción de un código de buenas prácticas de uso libre que ofrece a los autores pautas diseñadas para en la integración ética, transparente y responsable de la herramienta en sus publicaciones
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En el ecosistema de la alta divulgación la irrupción de la inteligencia artificial ha generado un ruido que muchos prefirieron ignorar en el sector de las empresas dedicadas a la edición científica. La editorial granadina Comares se posiciona como un sello pionero con la primera guía en abierto que ofrece a la comunidad académica pautas diseñadas para orientar a los autores en la integración ética, transparente y responsable de la IA en las publicaciones. Este manual nace para distinguir la herramienta del autor, estableciendo fronteras claras en un terreno hasta ahora pantanoso. "La tecnología no se puede demonizar, pero tampoco vale todo", subraya Ana del Arco, directora de la firma editora. "Aquí lo que hay que hacer es rescatar cuál es la parte del intelecto humano que no puede suplir una inteligencia artificial. Bien la IA como herramienta de apoyo, pero mal para suplir la concepción de una obra. Esa es la línea que marca nuestra guía: proteger la génesis del pensamiento".
Con la publicación de este código, Comares busca establecer un marco de referencia para proteger el rigor científico, la transparencia y la propiedad intelectual frente a la incertidumbre generada por los modelos generativos masivos. En una carta dirigida a su comunidad académica, la editora refuerza esta visión: "Entendemos la IA como una herramienta de asistencia que puede ayudarnos con métricas, traducciones preliminares o análisis de datos, pero la concepción de la obra, el pensamiento crítico y la responsabilidad intelectual son y serán necesariamente humanos". El documento responde a tres preguntas vitales para el autor moderno: qué está permitido, qué no, y cómo se declara dicho uso.
La trazabilidad como norma ética
En una charla con este diario, Ana del Arco recalca que la clave no es la prohibición, sino la honestidad intelectual. "Lo que notamos es que la inteligencia científica está aquí, se está usando para hacer libros y preferimos abrir el debate en vez de ignorarlo. Hasta donde yo sé, somos pioneros", explica la editora. "Nos interesa saber para qué se ha utilizado la IA, pero es que también le interesa a los autores. Si yo distribuyo un libro, quiero que los lectores sepan si la traducción primera está hecha con IA asistida por corrección humana o si la imagen de la cubierta es generada. Todo eso es una trazabilidad que hay que poner de relieve al público".
Lejos de la teoría abstracta, la propuesta de Comares tiene un aterrizaje práctico basado en la propia labor editorial. "Yo misma la utilizo en el día a día -comenta Del Arco-. "Por ejemplo, para pensar en el título de un libro, le pido que me dé otra opción, que no utilice la palabra 'reto' o que cambie 'tendencias' por otro término. Los autores ya la usan, nosotros la usamos... Vamos a poner unas pautas que sirvan de ayuda".
"Filtros fiables" ante el algoritmo
Esta iniciativa, que bebe de la experiencia de grandes editoriales anglosajonas, coloca a la firma granadina en la vanguardia de un sector que busca su sitio frente al algoritmo. Ana del Arco invita a los autores a ver este código como una protección del prestigio: "El reconocimiento de la autoría tiene un papel esencial y las editoriales y los autores debemos erigirnos como filtros fiables".
La entidad, referente en el ámbito de las Ciencias sociales y Humanidades en España, establece en su código de buenas prácticas una distinción fundamental entre la asistencia técnica —validada para tareas como la traducción preliminar o el análisis de grandes volúmenes de datos— y la concepción intelectual de la obra, que debe permanecer inalterablemente humana. La premisa es clara: la tecnología es un instrumento potente, pero carece de la capacidad de discernimiento ético y crítico que define a la ciencia.
Respuesta a los 'corpus enfermos'
Uno de los puntos más innovadores que introduce este código es la revalorización del papel del autor y del editor como garantes del rigor y de la calidad de las publicaciones. En un ecosistema digital saturado de información no verificada, los modelos de IA se entrenan a menudo con lo que Ana del Arco, directora de la editorial y especialista en propiedad intelectual, denomina 'corpus enfermos': borradores sin revisar o datos inexactos extraídos de la web abierta. Ante esto, la editorial actúa como filtro de salud pública intelectual, "sanando" los textos y asegurando que lo que llega al lector —y lo que en el futuro alimentará a otros algoritmos— sea información veraz y definitiva.
El protocolo exige, ante todo, transparencia. Los autores deberán declarar explícitamente si han utilizado herramientas de IA, detallando qué software se empleó y en qué fase del proceso. Por ejemplo, su uso se permite sin necesidad de declararlo para la corrección ortográfica y gramatical, o ajustes menores de estilo y fluidez sin alterar el contenido; declarado para la mejora de presentación de datos ya obtenidos o la generación de figuras o imágenes con fines exclusivamente ilustrativos.
La guía subraya también que la eficacia de la herramienta depende enteramente de la competencia del usuario. Contrario a la creencia de que la IA facilita el trabajo a quienes carecen de base teórica, la postura de Comares es que la tecnología avanzada exige una formación humanística previa más sólida que nunca. Ana del Arco lo expresa así: "Para utilizar bien la IA se necesita, paradójicamente, una mentalidad enciclopédica clásica. Tu cabeza debe funcionar con el orden de un libro. Si la mente no está organizada como un sumario, con sus jerarquías y estructuras lógicas, el investigador no sabrá moverse dentro de la publicación ni hacer las preguntas correctas a la máquina. Sin esa base de lectura profunda, la inteligencia artificial pierde su eficacia".
La iniciativa demuestra que es posible abrazar el futuro sin renunciar a los principios que dan sentido a la comunicación científica: el rigor, la verdad y el pensamiento crítico. La IA ha llegado para quedarse, pero le corresponde al hombre fijar sus instrucciones de uso.
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