Entrevista Soléa Morente | Cantante "Aunque parezca que hay libertad, aún hay censores criminales"

  • La artista granadina publica con Elefant Records su tercer disco, 'Lo que te falta', inspirado en la música popular española

La cantante granadina Soleá Morente, en una imagen reciente.

La cantante granadina Soleá Morente, en una imagen reciente. / Juanjo Martínez / Efe

La figura de María Jiménez se le dibujó casi sola a Soleá Morente al enfocar su nuevo disco, el tercero, en el que homenajea a la música popular española a través de artistas de los años 70 y 80 como ella, "con ese genio y ese arte, esa valentía para hablar de sexo, drogas y rock and roll, más una mujer de su época". "Las cosas han cambiado, hemos avanzado, pero siguen los prejuicios. Aunque parece que existe mucha libertad, aún hay censores criminales por ahí. Hoy todos tenemos acceso a expresar nuestra opinión, a endiosar o matar a alguien a través de las redes. Por eso hacen falta más Marías Jiménez", opina.

Resulta imposible no deducir que la mediana del clan Morente tiene en su cabeza lo que le pasó a su hermana Estrella hace unas semanas, cuando por sorpresa realizó una defensa de la tauromaquia durante su actuación en horario de máxima audiencia en Operación Triunfo y parte de la sociedad se le echó encima. Ella precisa: "Hablo en general y se puede aplicar a todo. La libertad y las redes son un arma de doble filo. Si lo utilizamos bien, es muy positivo para la evolución; de mala manera, nos hace perder mucho tiempo, además de incitar al mal rollo". 

"Y eso que cada vez entiendo más al hater y me gusta más y me cae mejor. Antes lo bloqueaba, pero ahora creo que hay que comprender qué le pasa a la gente. Estamos todos nerviosos y agobiados, sin tiempo para escucharnos, para intentar entendernos", reflexiona. 

En tiempos así, precisamente por ser así, Soleá Morente (Granada, 1985) publica Lo que te falta (Elefant Records), "un mensaje ligero, con sentido del humor y a la vez con sentencia", para el que se ha inspirado en la música popular española, en concreto en la rumba, con influencia directa de María Jiménez, de Bambino, de El Pescaílla y de Lola Flores. "Me parecía interesante construir ese personaje a través de los textos que tenía. Fue de una manera natural, no hecho de una manera expresa con cincel, sino que me lo encontré y decidí tirar por allí", comenta. 

Cuenta que cuando empezaba a esbozar su tercer disco en solitario, sucesor de Olé Lorelei (2018), en el que ya hizo una aproximación a Las Grecas, tenía tres canciones de La Bien Querida en la recámara y "muchas ganas de trabajar" como productor con David Rodríguez, de La Estrella de David. "Un día acudí a él, para ver qué le sugerían estas canciones. Yo pensaba en montar una banda de rock como Los Punsetes y al final hemos acabado en María Jiménez", comenta con humor, un "rumbo" que se asentó sobre todo cuando Rodríguez apareció con el tema Viniste a por mí, en el que colabora El Yiyo. 

No son las únicas firmas invitadas. Ahí también está Jota de Los Planetas, colaboraciones todas por la que Morente considera este trabajo "una vuelta a sus orígenes", a sus "mentores" en el aplaudido Tendrá que haber un camino (2015). "La colaboración es mi forma de trabajar y de vivir. Soy así, me gusta el intercambio y el diálogo. No me gusta ser yo sola, eso es un aburrimiento, y tengo suerte de estar rodeada de mucha gente con talento", presume.

Se reconoce también amiga del reciclaje musical, de atrapar un retal de inspiración de "un cuadro, una mirada u otra canción" y ponerse a escribir su propia pieza. De esa fascinación surgió Ducati, uno de los temas más llamativos del álbum, en el que reproduce unos versos de Ducati Luv, tema original de Yung Beef y Somadamantina: "Papi, ya no quiero Ducati / Sólo te quiero a ti / Si te pillo infraganti / Llámame religiosa mantis". 

Guiño al trap

"No sabía muy bien qué quería decir la letra, pero hay veces que eso no es necesario, porque surge una conexión entre oyente y música que emociona", comenta sobre este "guiño al trap" en un disco en el que, sin abandonar su mirada reflexiva de filóloga, celebra el papel fascinador de la música. 

Momentos melancólicos se alternan con "otros de rabia, de amor y desamor, de ilusión", pero siempre "a flor de piel", propiciando un trabajo que funciona como aquellas viejos casetes de gasolinera a las que de algún modo rinde tributo, con dos caras y material de provecho en cada una de ellas. 

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