Un San Esteban de Risueño sale a subasta y devuelve a Granada la memoria de su mejor barroco
La sala La Suite de Barcelona subasta este jueves 26 una obra del maestro granadino, figura clave de la escuela barroca local, con un precio calculado entre 12.500 y 18.000 euros
Un tesoro de Alonso Cano sale a subasta en Madrid
Este jueves 26 de febrero, la sala barcelonesa La Suite sacará a subasta una obra de José Risueño, uno de los representantes más importante del barroco granadino. Se trata de un San Esteban (lote 41) atribuido al pintor y escultor, una pieza descrita por la propia casa como de “fantástica factura y estilo muy refinado y personal” y con un precio calculado entre los 12.500 y los 18.000. La noticia trasciende el ámbito del mercado del arte: supone la reaparición pública de una obra que dialoga con el mejor barroco andaluz y con la tradición estética que definió a Granada entre los siglos XVII y XVIII.
Trayectoria
Risueño no fue un artista menor en la constelación barroca española. Formado en el taller de su padre, Manuel Risueño, y junto a los escultores Diego y José de Mora, además del pintor Juan de Sevilla —todos discípulos directos de Alonso Cano—, el artista heredó y transformó el legado canesco. En su obra se aprecia la huella del maestro, pero también una personalidad propia marcada por el naturalismo, la delicadeza en los rostros y el uso de estampas flamencas, especialmente de Van Dyck, como fuente compositiva y expresiva.
La obra
El San Esteban que ahora sale a puja se inscribe en esa tradición devocional que vertebra buena parte de su producción pictórica. Risueño cultivó con profusión las escenas religiosas, género en el que alcanzó algunos de sus mayores logros: La coronación de santa Rosalía y Los desposorios místicos de santa Catalina en la catedral de Granada, o el celebrado Santo Tomás de Aquino, adquirido por el Museo del Prado en 1911. En todos ellos se percibe una tensión contenida entre la emoción espiritual y el rigor formal, un equilibrio que definió la sensibilidad granadina del Barroco.
El mártir San Esteban, primer diácono y primer mártir del cristianismo, ofrecía a los pintores barrocos la posibilidad de conjugar dramatismo y serenidad, violencia y trascendencia. En manos de Risueño, cabe esperar —a la vista de su trayectoria— un tratamiento contenido, más centrado en la intensidad psicológica que en el efectismo teatral. Su estilo, refinado y personal, tendía a la elegancia compositiva y a una espiritualidad íntima.
No debe olvidarse que Risueño fue también escultor, y que esa doble condición enriqueció su pintura. Su conocimiento del volumen y de la anatomía, cultivado en barro, madera y piedra para retablos y portadas de iglesias granadinas, se traslada a sus lienzos en la solidez de las figuras y en una particular sensibilidad hacia la corporeidad. Esa síntesis entre pintura y escultura, entre dibujo firme y atmósfera devocional, constituye una de las claves de su singularidad.
Además de su producción religiosa, el artista dejó notables retratos, como el del arzobispo Martín de Azcargorta, su protector, conservado en el palacio arzobispal de Granada. También colaboró con Antonio Palomino en la ejecución de El triunfo de la Eucaristía y san Bruno en la cúpula del Sagrario de la Cartuja, testimonio del prestigio que alcanzó en vida.
La bibliografía especializada —desde los estudios pioneros de Emilio Orozco Díaz hasta la monografía de Domingo Sánchez-Mesa Martín— ha subrayado la relevancia de Risueño en la configuración de la estética granadina. Cada nueva obra documentada o redescubierta contribuye a completar ese mapa. La subasta de La Suite pone así en circulación una obra de indudable interés artístico.
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