El teatro recupera un drama lorquiano que no se agota

La compañía Entresueños regresa a las tablas con su versión de ‘Bodas de sangre’ que incluye elementos de danza y lírica

Almería reivindica su papel como cuna artística de García Lorca

Un momento del ensayo de la obra.
Un momento del ensayo de la obra. / Francisco Neyra / Picwild

En el verano de 1928, Francisca Cañadas dejó plantado a su novio en el altar y huyó con su primo, pero la muerte los encontró antes y un familiar del novio acabó con la vida del joven, dejando a la mujer muy malherida, pero con vida. Aquel suceso, ocurrido en Níjar, sirvió de inspiración a Federico García Lorca para escribir Bodas de sangre, uno de sus dramas más conocidos y que, lejos de agotarse, ha inspirado multitud de adaptaciones y versiones, una de ellas la propuesta por Jesús García Amezcua, que se representa este fin de semana en la capital y que incorpora danza, flamenco y lírica al drama.

“Federico es un autor dramático y poeta universal, que se expone en todo el mundo”, responde Aurelio Puente, uno de los miembros de la compañía Entresueños, responsables de este montaje y otros lorquianos, siempre con el mismo equipo, hasta conformar una especie de ‘chicos Almodóvar’, o más bien, ‘chicos Amezcua’, aunque rechazan el calificativo.

“Luego, Lorca tiene una peculiaridad”, prosigue Puente que combina su faceta actoral con la de tenor “que es único y genuino y si lees un verso, si conoces un poco de Lorca, con un verso sabes que es él. Es como una pincelada de Picasso, sabes que es Picasso”.

“Es un sujeto importante, muy importante, cada frase que dice tiene un subtexto que es muy fácil de adivinar”, añade por su parte Virginia Gómez, otra de las ‘chicas Amezcua’ que sobre las tablas da vida a Leonardo, el único personaje de la obra lorquiana con nombre propio, y un personaje “sumamente agresivo y masculino y súper macho”, como lo define la actriz.

Para ella, interpretar a la versión lorquiana del primo de Francisca no ha supuesto un reto por ser “muy cliché”, pero sí por la corporalidad que le supone a Leonardo “porque es muy hombre y yo me considero bastante femenina, pero creo que está más que conseguido”, explica Gómez, quien en un ejercicio de modestia pone como ejemplo las alabanzas recibidas en otras representaciones.

Y es que la compañía lleva ya en sus espaldas varias representaciones de Bodas de sangre –la mayoría de ellas en Granada donde “el autor pesa más”–, lo que sumado al buen ambiente que se respira en el grupo hace que todo vaya casi rodado y que, a pocos minutos de empezar la representación –la compañía atiende a este medio poco antes del estreno en el Teatro Municipal de Armilla– solo haya “nervios buenos, de querer salir y transmitir al público lo que hemos trabajado”, explica otra de las actrices, Almudena Romero.

Como gran parte de sus compañeros, Romero procede de un campo, a priori, alejado del teatral. Ella es bailadora de flamenco profesional y aunque había hecho algunos papeles pequeños fue cuando se cruzó Amezcua en su vida cuando le propuso que hiciera el personaje de Angustias en La casa de Bernarda Alba, dando inicio a una relación profesional que se mantiene aún vigente.

Lo mismo ocurre con Mercedes Hidalgo, que llegó al teatro desde el mundo del flamenco y que ahora da vida a la Madre de Bodas de sangre, que pese a todo llevaba queriendo ser “actriz dramática desde que tengo uso de razón”, relata.

María Falgueras es otra de las actrices que dan forma a este espectáculo y, como sus compañeras, sus inicios estaban alejados del mundo del drama, de hecho comenzó a hacer comedia antes de trabajar con un Lorca al que reconoce estar “entregadísima”.

Preguntada al respecto, reconoce que hacer reír es bastante complicado, pero que eso no quita importancia a los papeles dramáticos, especialmente los lorquianos, porque estos “te llegan al alma”, dice. “Él denuncia muchas situaciones sociales que estaban ahí, que han sido así siempre, aunque lo hace de una forma diferente”, apostilla.

Falgueras, como el resto, se despiden antes de ultimar los detalles para la obra en el teatro armillero, una especie de antesala a la representación de este fin de semana en el Teatro Cisneros de la capital, donde llegarán con un “escenario desnudo, pero lleno” y un ambiente “difícil de ver en otras representaciones”, explican los actores para intentar terminar de vender las butacas del teatro granadino.

Y es que Bodas de sangre cuenta una historia –que la compañía respeta para esta adaptación– de sobra conocida, y a partir de ahí han ido surgiendo infinidad de variantes y versiones que muestra lo prolífico de un autor que supera incluso la barrera del idioma, pues Puente recuerda cómo, durante una visita a la Varsovia de los años 90, vio una representación de Bernarda Alba, señal de ese carácter internacional que apuntaba antes y confía también en que la figura de Lorca se convierta en un elemento clave del elemento de la Capitalidad Cultural a la que aspira su ciudad para 2031.

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