Con todo, Europa no está tan mal

27 de enero 2026 - 03:07

Los europeos siempre tuvimos la autoestima baja; y los españoles, aún más. Sin embargo, millones de personas en el mundo sueñan con trasladar sus vidas al Viejo Continente; sobre todo a España, porque incluso otros europeos –italianos, nórdicos, rumanos o polacos– también buscan aterrizar en este país. Ni el clima político polarizado y agrio, ni el estremecimiento que provoca un accidente brutal como el de los trenes de alta velocidad, disuaden del proyecto vital de establecerse en España; en sus costas, porque el sol gana al frío, y en sus capitales, especialmente Madrid, Barcelona, Valencia y Málaga.

“A Europa le falta un relato propio y convincente”, mantuvo desde siempre Josep Borrell, ex jefe de la diplomacia de la UE. Cómo se echa de menos a Borrell, a Mario Draghi, que presidió el Banco Central Europeo y más tarde fue primer ministro italiano; o a Enrico Letta, que desde que dejó el Gobierno en Roma defiende en París, Madrid, Barcelona... la identidad europea y garantiza la existencia de dirigentes con profesionalidad solvente. Son grandes nombres en la reserva, y no los únicos, que salieron de sus puestos involuntariamente cuando más se los necesitaba.

Con todo, no estamos tan mal. En 2025, por las bravuconadas de Trump amenazando con los aranceles, repartiendo abrazos interesados y desplantes si no se aceptan sus exigencias, ha ido reforzándose la idea de que Europa estaba disminuida y condenada a ser una colonia de Washington para evitar serlo de Pekín o Moscú. Contribuyó que la UE no tiene ejército propio, lógico porque nació como una institución de paz para evitar conflictos entre sus integrantes tras dos catastróficas guerras mundiales iniciadas y libradas sobre todo en el Viejo Continente.

Pero Europa tiene recursos y, entre ellos, destacan sus 774 millones de habitantes y el mercado. Cuando el 2 de abril, Trump decretó los aranceles, las inversiones europeas en EEUU se alarmaron y cayó Wall Street, como sucedió en la crisis de Covid. Dos meses costó recuperarse mientras Trump retiraba sus anuncios desestabilizadores. Más de 3.000 millones de dólares europeos en bonos del Tesoro estadounidense (el triple que China) pusieron el límite a Trump.

Ha estado a punto de suceder de nuevo con la amenaza de invadir Groenlandia. Ocho países europeos enviaron simbólicamente soldados al Ártico en solidaridad con Dinamarca. Se le ha advertido de nuevo que Wall Street no quiere guerras y menos entre aliados. Así que en Davos, Trump dijo que no invadirá la gran isla de hielo. La pretende comprar, como en su día Alaska, Luisiana o Florida, pero Dinamarca no quiere.

Quizás la Unión Europea, colectivamente, reaccione a los desafíos trumpistas débilmente. Pero hay interesantes movimientos de respuesta. Alemania e Italia acaban de lanzar una ofensiva política para marcar la agenda de la Unión. Pedro Sánchez no aceptó elevar el gasto militar al cinco por ciento como pedía Trump. Dinamarca está enrocada en su negativa a ceder Groenlandia. El primer ministro británico, Starmer, seguramente presionado por su ejército, ha calificado de “insultantes” las acusaciones de Trump que aseguraba que las tropas británicas en Afganistán evitaron la primera línea de fuego. Y así sucesivamente.

Cierto es que Europa se durmió y se maniató con burocracia. Es urgente desenredarlo y tomar la iniciativa porque no estamos tan mal.

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