Un suceso eventual que altera el orden de las cosas es un accidente. Si se trata de un accidente unido a la sustancia de un hecho es una circunstancia. Pero el accidente es también el estado o condición de una persona en un momento determinado y la circunstancia es el conjunto de lo que está en torno a alguien. La mañana de un día trece de hace ya un lustro, coincidieron accidente y circunstancia en una ciudad que amanecía con la desconcertante noticia de que su regidor era detenido e investigado en una operación contra la corrupción urbanística denominada operación Nazarí, previsible la denominación, todo lo granadino, sea deportivo, cultural o se trate de corrupción, termina con el mismo apelativo. Que los "chanchullos" existían era vox populi en el Ayuntamiento, ahora bien, que detuvieran al alcalde, eso era un suceso eventual que alteraba el orden de todas las cosas, un accidente que dejaba drásticamente vacío el sillón principal del Consistorio. Un accidente y una circunstancia que parece que no puedan volver a repetirse y en tan corto periodo de tiempo, además, pues ya hemos fijado su calidad de eventual. Nos instalamos una vez más en el tópico de que todo es posible en Granada. Varía la causa, aunque no lo vergonzante de la misma. Corrupción antes, peleas indignas por el poder, perdón, por un poder local, a pequeña escala, que exhibe públicamente la calidad intelectual de concejales, de miembros del partido azul y de miembros del partido verde fosforito y hasta la calidad de la cúpula central del partido naranja. Una versión muy cutre de un cutre Juego de Tronos. El punto común de accidente y circunstancia es Francisco Cuenca, al que, a estas alturas de la serie, podríamos apodar con el sobrenombre de El Sustituto. La primera vez que se dio el accidente y la circunstancia, no sabía si felicitarlo o darle el pésame por el modo en el que había llegado a regentar la alcaldía. Aunque la circunstancia que lo encumbró hasta la cúspide local fue el desplegable con el que aparecía frente a los medios y justificaba los errores cometidos y cualquier imposibilidad de realización a "los otros" (otro gran filme), hacedores finalmente de su propia incapacidad. La culpa era del contrario, de la circunstancia, de la dramática herencia. Él y sus concejales y concejalas se lamentaban públicamente, y a toro pasado, de haber sido víctimas de estafa por la inexperiencia, pero con tanto lamento olvidaron decir que hicieron oídos sordos a las múltiples advertencias.

La circunstancia es el mundo en cuanto mundo de alguien, dice la RAE. Dependemos del mundo del nuevo alcalde. En este déjà vu cruzamos dedos para que haya algo diferente y no termine en lamento lo que pudo haber sido y no fue una buena gestión. Es el momento de cambiar lo que entonces falló. Ánimo.

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