Club Dumas

Ataque al Congreso

Desde el 23-F, nuestra democracia ha estado cuestionada por los grupos más beligerantes

Esta semana se ha cumplido un año desde uno de los más tristes episodios de las democracias occidentales: el asalto al Congreso de los EEUU. Es muy interesante analizar como los diferentes parlamentos del mundo se han convertido en el objetivo principal de los partidos que no aceptan los resultados electorales, o que quieren echar abajo las democracias e instaurar dictaduras. Y curiosamente siempre se apoyan en el descontento popular para tratar de justificar esos golpes de estados encubiertos con los que, finalmente, quieren sorprendernos. Y el problema es que a veces tienen éxito.

Desde que el 23 de febrero de 1981 fuera secuestrado el congreso de España, nuestra democracia ha estado cuestionada por los grupos más beligerantes. Por entonces, aquellos que deseaban una vuelta a tras y el sometimiento a las leyes militares, pusieron al gobierno de la Unión de Centro Democrático en una situación muy compleja. La aprobación de la Constitución, la instauración de la democracia y la libertad de partidos eran demasiados cambios para los que no creían en los gobiernos elegidos por las urnas. Pero la falta de apoyo popular de un pueblo que se negaba a volver al pasado fue el detonante final para parar todo aquello.

Posteriormente en 2012 la convocatoria "rodea el Congreso", del movimiento 15M, volvió a poner su objetivo en la sede del poder. Esta vez fue contra el gobierno del Partido Popular y nuevamente fue encabezada por aquellos que no les gustan muchos los resultados electorales cuando no les dan la victoria. El primer ensayo ya lo habían hecho un año antes asaltando el parlamento catalán, con un resultado bastante afortunado al descolocar a CiU e impulsarlos al independentismo más radical. Pero Madrid fue muy diferente y hasta el propio PSOE reclamó al gobierno que parara aquel despropósito, especialmente al descubrir a tanto totalitario entrenado en lejanos países.

Por tanto, los congresos se han convertido en el lugar a proteger, aunque los protagonistas de los episodios aquí relatados estén hoy más alejados de la política. Pero eso no significa que no sigan al acecho y de ahí la importancia de la democracia, del respeto a la ley y, fundamentalmente, de la aceptación de los resultados electorales. De esa manera serán los partidos los que se den cuenta que los votos pertenecen a los ciudadanos y que, si buscan su propio interés, que se olviden de futuros apoyos.

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