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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

Avellaneda

España es el país de la picaresca y no penaliza que un presidente del Gobierno plagiara su tesis doctoral

Pedro. No era nombre para rey. Estaba obsesionado con esa maldición nominal. Fuera de su casa le decían el Cruel. Dentro, los suyos preferían llamarle el Justiciero. Terminé de leer la novela 1369, de Juan Rey, después de ver el primero de los dos debates electorales. ¿Qué ocurrió hace 650 años? La solución, en la lectura de esta novela con la que su autor ganó el premio Ciudad de Badajoz. No digo que unos lo vean Cruel y otros Justiciero, Dios me libre, pero en la percepción de Pedro Sánchez, de su increíble e inagotable capacidad de reinventarse, hay también esa bifocalidad del rey que era feliz con sus halcones y desdichado con sus buitres. Políticamente hablando, sus hermanastros, que ahora le sonríen y le rinden pleitesía, se la tienen jurada. En la elaboración de las listas para los comicios de dentro de veinte días, unos ven al Pedro Cruel, otros al Justiciero.

Igual que Susana Díaz fue al cadalso político el primer Domingo de Adviento, fecha de las elecciones andaluzas, Pedro Sánchez resucitó siete días después del Domingo de Resurrección. Y al octavo, descansó. Los resultados de estas elecciones dan para muchas reflexiones. En España moviliza el espantajo de la extrema derecha y sin embargo no ocurre lo mismo con la extrema izquierda, que pobló de siglas las elecciones municipales de hace cuatro décadas y ahora parece no existir. Ese conjuro sumió a la derecha en el extremo desconcierto.

Produce desazón que en el País Vasco los testaferros políticos de los verdugos hayan hecho extraparlamentarios a los de las víctimas. Estará en el ADN. El periodista Pedro Ontoso ha sacado un libro tremendo, Con la Biblia y la Parabellum, en el que analiza el papel de la Iglesia vasca en el origen de ETA. En los años de plomo era imposible encontrar un cura que oficiara un funeral por las víctimas de la banda terrorista. El funeral en 1987 de Txomin, uno de los cerebros de ETA, lo concelebraron cinco sacerdotes. A diferencia de Italia con las mafias o México con los narcos, el de Euskadi es el único conflicto donde no ha muerto ningún cura.

Luis García Montero podrá seguir en el Instituto Cervantes, aunque el Quijote que ha triunfado haya sido el de Avellaneda. En España la picaresca está muy arraigada y no penaliza que el presidente del Gobierno plagie su tesis ni que se busque un negro /negra para su Manual de Resistencia. La vida es así de cruel. O de justiciera.

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