Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

El Bronx granadino

La ciudad lucirá el medallero ansiado de ser pronto la taberna de Europa. Por méritos propios

Un hombre de mediana edad golpea con saña a otro con lo que parece ser un palo mientras que el agredido retrocede amedrentado intentando cubrirse con las manos y los brazos el rostro ensangrentado. Rebasada la media noche, los clientes de los bares beben y ríen entre los coches y observan la reyerta con expectación y sin ánimo de intervenir. El agredido cae al suelo pero al poco se levanta. Alguien advierte que lo que parece un palo es en realidad un machete. Herido, el sujeto huye a la carrera perseguido por el perro del agresor que le muerde con fiereza la pierna sin soltar la presa. Animal y víctima se alejan entre los coches, por la calzada, entre el estupor general.

La escena, grabada en un vídeo que acumula visualizaciones en las redes, podría ser de El Bronx, pero no hay nada peliculero en este suceso. Se trata de la calle Sol, en el Pedro Antonio granadino, otrora 'tontódromo' de iniciación etílico-sexual de la muchachada estudiantil.

Coches salpicados de sangre. Un rastro rojo en el suelo. Detenidos el del cuchillo y su perro. La víctima grave. En Granada. La ciudad que lucirá el medallero ansiado de ser pronto la taberna de Europa. Por méritos propios.

Mientras, en el despacho del alcalde de esta misma ciudad, podrían buscarse ya las señales de las uñas del regidor que se resiste a ser saliente. El desgobierno es evidente. Se habla incluso de nombrar una gestora.

El comercio se fue a pique y el paro no baja, pero la ciudad vuelve a su normalidad de botellones, pintadas, vómitos y micciones nocturnas que colorean las calles y esquinas de los bares del centro de una capital en caída libre.

En la plaza de Gran Capitán ya se manifestó el vecindario por la profusión de puntos de venta de droga. Da miedo pasear de noche. La droga rellena el desencanto juvenil entre copa y copa. Nada queda ya del bullicio pijo de los ochenta y noventa en la zona. Las aceras muestran un gris ennegrecido por las copas rebosantes que dejaron caer su líquido.

Pero da igual. La hostelería hay que salvarla, dicen. No hay plan B. O pones copas o emigras.

Y por regir una ciudad así hay dentelladas en Madrid o Sevilla. Todo un espectáculo gratis este mostrar toda la miseria de la trastienda de la política más bajuna. De esta ni el Salvador se salva ya. Aunque el de las cuchilladas sí que se salvó. A Dios gracias.

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