En tránsito
Eduardo Jordá
Mon petit amour
Un reciente estudio encargado por Oxfam Intermón revela que el 1 y el 10% de la población más rica de nuestro planeta producen, respectivamente, una huella de carbono 30 y 9 veces superior a la necesaria para cumplir con el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global por debajo de 1.5° en 2030. Para lograr el nivel de emisiones requerido, el 1% más rico debería reducirlas en un 97% en los próximos años. Las expectativas no son nada halagüeñas, ya que este pequeño grupo poblacional pasó de producir el 13% de las emisiones totales en 1995, al 15% en 2015, y el estudio prevé que será el 16% en 2030.
Detrás de este aumento encontramos un despilfarro inmoral por insostenible. Algunos de los ejemplos que ofrece Oxfam Intermón son realmente escandalosos: "Las emisiones que produce el vuelo de un milmillonario al espacio superan las que puede generar una de los 1.000 millones de personas más pobres del planeta a lo largo de toda su vida". Pero aunque es más visible el despropósito de los viajes espaciales, los yates lujosos o los jets privados, no podemos olvidar que la huella ecológica del grupo más amplio del 10% más rico sería suficiente para superar el máximo de 1,5°, aunque el resto de la población mundial no produjera ninguna emisión de gases.
Por ello Oxfam Intermón considera necesario que los gobiernos, especialmente los de los países más ricos, actúen urgentemente. La lucha por una mayor igualdad y contra los hábitos hiperconsumistas (turismo descontrolado, uso irracional del transporte privado contaminante, derroche de alimentos, exceso de envases, etc.) no son hoy sólo una cuestión de justicia social, sino también de responsabilidad ecológica hacia las víctimas más directas del desastre que se anuncia de forma cada vez más evidente: los más pobres y las generaciones futuras.
Preocupante es también que gran parte del espectro político y la ciudadanía de los países más ricos perciban las medidas necesarias como imposición de políticas radicales de izquierda; que las interpreten como apuestas meramente ideológicas que atentan contra la libertad individual, sin asumir que esta misma individualidad, que mide su realización en base a su capacidad de consumo, es un constructo ideológico insostenible por ecocida. La libertad irracional, egoísta y devastadora no debería ser considerada canon de la dignidad del ser humano sino sólo de su deformación patológica.
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