Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Corona hambre

Absorber masas de turistas va a dejar de ser por un largo tiempo un terreno donde ganarse los garbanzos

Conforme bajan las cifras de muertos y respiramos aliviados por simplemente seguir vivos comienza a aparecer el miedo-pánico-angustia por el 'Corona-hambre' que se avecina. Tener hambre es mejor que estar dentro de una caja de pino. Algo es algo.

Las situaciones límite nos enfrentan a la realidad sin anestesia. De ahí el aprendizaje inexcusable que estamos sacando todos de este tránsito por los abismos, pero la siguiente plaga que se anuncia también nos pilla desprevenidos, aunque no ha todos por igual.

Los que ya pasaron la crisis del 2008 tienen ganado el saber reinventarse. Como individuos y como sociedades, léase Granada y sus endémico mal del monocultivo del turismo-hosteleria y Universidad-formación. Está claro que la primera, aquel absorber masas de turistas hasta la saturación, va a dejar de ser por un largo tiempo un terreno donde ganarse los garbanzos. La cultura del Airbnb es la primera gran burbuja que se desinfla. Vivir con lo puesto y sin políticas que compensen los excesos de la avidez y la codicia inmediata del mercado es lo que tiene: era pan para ayer y hambre para muchos mañanas. Legiones de guías turísticos, camareros, recepcionistas, lectoras de la buena fortuna y demás fauna que desplumaba al turista complacido deben estar pensando a quien le sacan ahora los cuartos. Era una suerte de bandolerismo amable que ya no tiene mucho sentido al menos en ese modelo sobreexplotado que se había implantado para horror de los sufridos habitantes de los barrios históricos. Pretender que sea ahora papá Estado el que mantenga viva de modo artificial la industria de la sobreexplotación de la gallina del reclamo Alhambra es absurdo. El Estado no hace milagros. Habrá que echarle imaginación y paciencia de nuevo. Hasta la próxima burbuja, que es como en esencia parece que sabemos funcionar.

Hay quien no ve tan negativo este desinflarse el mercado del souvenir rampante que teníamos. Habrá que reconstruirlo pero mejor, con calidad y sin esa política del todo a cien y el dos por uno que tanto daño ha hecho para perjuicio de todos... Ojalá.

Mientras tanto, disfrutemos de este silencio y dejemos que todo se aposente y recordemos que de peores hemos salido, más sabios y más fuertes, que es como se sale de cualquier crisis, hasta de la más impensable y profunda.

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