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Rosa de los vientos

Pilar Bensusan

bensusan@ugr.es

Incoherencias que retratan

La historia avala sobradamente la petición de una autonomía propia para la región de Granada

Cuando no se consigue imponer un relato histórico falaz los políticos defensores de su gran mentira entran en un bucle de incoherencias que les retratan.

Hace unos días, la televisión autonómica de pandereta y faralaes emitió un programa conmemorativo del 40 aniversario del referéndum-pucherazo del 28-F, en el que ni tan siquiera los tertulianos del plató se ponían de acuerdo en si debía haberse accedido a la autonomía por la vía del art. 151 o del 143 CE -sus incoherencias fueron tales que confundían estos preceptos con los arts. 155 y 144, en fin, un desastre-.

40 años después no estaban ni de acuerdo en eso. Para más inri Soledad Becerril dijo que el referéndum fue un error. Y claro que lo fue, porque la pregunta era capciosa y teledirigida y la única opción que se daba al votante era la de pertenecer a Andalucía sí o sí, conminando a optar por la vía del art. 151. Pero también por la flagrante ilegalidad que se cometió a posteriori supliendo la soberanía popular, la voluntad del pueblo de Almería -también de Jaén y Granada, por cómo se resolvieron los votos dudosos y de fallecidos que estaban en el censo-.

El mismo hecho de que debatieran sobre la legitimidad del referéndum del 28-F es porque saben que no fue legítimo, convirtiéndose aquello en un excusatio colectivo, y, por ende, en un acusatiomanifiesta.

Pero las incoherencias de los defensores de esta autonomía fallida llegan a extremos tales como defender con feroz vehemencia -incluyendo a veces la descalificación- algo que ha demostrado objetivamente no funcionar durante 40 años. "Catetos" suele ser el apelativo preferido de la izquierda para los que defendemos el Granadexit, aunque ahora les ha salido la competencia de Díaz Ayuso, que ya ha llamado "paletos" a los leoneses por querer una autonomía propia. Eso sí, Junqueras, Torra y Cía., no son ni catetos ni paletos -ni delincuentes- son progres guays, con los que hay que dialogar de soberanía, independencia, relatores… donde y como ellos impongan y sin mentar la Constitución -palabra maldita- ¿Habrá que volverse independentista para que no descalifiquen a quienes reivindicamos la realidad histórica de una Granada con identidad propia y territorial autónoma de Andalucía?

La historia avala sobradamente la petición de una autonomía propia para la región de Granada, dentro de España, por más incoherencias de quienes intentan justificar lo injustificable. En el fondo, todas ellas me recuerdan a las delirantes incoherencias y desatinos de su falso dios Infante.

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