El almiquí

Mamá Nancy

Sé que en algún momento "llorará en silencio" a escondidas, no por ella, sino por su querida Cuba

Tiene "Mamá Nancy" una mirada límpida y sincera; ojos color azabache, piel mulata con labios voluptuosos y una apariencia exótica entre sus turbantes de colores variados y una vestimenta que en ocasiones pareciera salida del continente africano, en lugar de su Cuba natal. He de confesar que cuando la conocí por primera vez, me dejó algo desconcertado. Su aspecto y ademanes me hicieron albergar la duda de que se tratase de un personaje con apariencia étnica, cuyo propósito no podía ser otro que el formar parte de un reclamo publicitario. No en vano Nancy ha participado como actriz en alguna película y en varios anuncios de televisión

Su local en la calle Duquesa de nuestra capital parece un santuario, que rememora grandes momentos de su vida: auténticas frases lapidarias grabadas en la pared, fotos con personajes famosos, pero también con personas anónimas y con otras que han dejado huella en su largo caminar por la vida y sobre todo un eterno recuerdo de su tierra caribeña.

Siempre sonriente, siempre con la mejor cara, atiende al cliente con animosidad, no sólo preparando los mejores mojitos de "Graná" sino también contándole anécdotas y sus reflexiones acerca de los más diversos temas, que no son sino pura filosofía de una vida intensa, pero dura en no pocas ocasiones.

El candor de una conversación amena muestra su gran corazón no solo para con sus seres más cercanos, sino también para todo aquel que pueda tener alguna necesidad que ella pueda aliviar.

Esta mujer "diez" es una auténtica "luchadora" que a lo largo de los años ha batallado en el negocio de la hostelería, desde que inaugurara la primera "Casa Cubana" en nuestra ciudad hasta hoy, pero también se ha enfrentado a las vicisitudes de su vida personal con gran valentía, sacando adelante a su prole y plantando cara al cáncer de su querida hija, para lo cual no ha reparado en hacer "lo que fuera" para prestarle la mejor asistencia médica posible.

No obstante aunque su fachada es de "mujer dura", sé que en algún momento "llorará en silencio" a escondidas, no por ella, sino por alguien especial en su vida y por la nostalgia y la añoranza de su querida Cuba.

Nancy seguirá en su "rinconcito cubano" poniendo los mejores mojitos, alentando con sus conversaciones filosóficas a sus clientes, aunque yo sé que regresar y establecerse en su amada tierra es su mayor anhelo.

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