Ojo de pez

Pepa Merlo

Paños calientes

07 de octubre 2022 - 01:46

Entonces las andanadas encendidas se radiaban desde Sevilla. "Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad [...] No se van a librar por mucho que forcejeen y pateen". El general, que se recreaba en las descripciones de las violaciones y arengaba a regulares y fascistas a esta práctica, yace en el sagrado suelo de la Basílica de la Macarena. Hoy, casi un siglo después, los jóvenes se desgañitan con la misma intensidad. El tono quebrado, el grito desgarrado, es el mismo de aquel con el que profería sus perlitas Queipo de Llano: "Putas, salid de vuestras madrigueras como conejas, sois unas putas ninfómanas, os prometo que vais a follar todas en la azotea...". Palabras de un estudiante del colegio mayor Elías Ahúja de Madrid, contra el colegio mayor Santa Mónica, un centro femenino. El director disculpa el acto como un accidente aislado, aunque parece que no es tan excepcional. Pablo Casado, excolegial y exlíder del PP, publicó en la revista El búho un artículo, nominando a los colegiales como 'lobo ahújo', el "feroz e infatigable cazador de carne fresca [...] al entrar a formar parte de la manada comienzan a aflorar en él instintos de voraz carnívoro para con toda clase de hembras en período fértil", y "entre sus presas más codiciadas se encuentran las lobas u otras especies animales como cerdas, zorras, gallinas...". Pablo tiene una hija, ¿dónde la coloca? ¿entre las cerdas, las zorras, las gallinas...? El que grita no es una excepción, le sigue una jauría, más de cien chicos que jalean al cabecilla, una manada intimidatoria. El castigo son cursos de sensibilización en violencia de género. ¡La educación para la igualdad enfocada como un castigo, para colmo! Se refuerza el machismo, crece, se envalentona... Desde actos como las acaecidas violaciones en manada, hasta minucias, que terminan no siéndolo cuando obligan, por ejemplo, a una trabajadora a encerrarse en su despacho en un Ayuntamiento como el de Granada, para poder sentirse tranquila después de ser agredida por alguien ajeno a la institución, que ha accedido a dependencias privadas, y ha entrado en un despacho y ha arremetido verbalmente, podía haber sido físicamente, con una violencia extrema contra la trabajadora, con el beneplácito de un compañero que apenas recibirá una reprimenda paternalista. Paños calientes. Este trabajador jamás se hubiera atrevido con un compañero varón. Pero todo es imposible de demostrar y suele ser tarde cuando lo no demostrable se constata. Y nos llaman feminazis...

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