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Un país en prórroga
Con la llegada de los vehículos a motor no quedó otra que imponer un mandamiento nuevo con el que que se obligó al personal a respetar los pasos de cebra. Cuestión de supervivencia -para el peatón, claro- y una norma de urbanidad que dice mucho y bien de una sociedad que la cumple. Quizá, la cesión del paso al peatón por estas rayas sea una de las reglas más respetadas en este país nuestro un tanto anárquico para otras.
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