Primero vinieron por Venezuela

05 de enero 2026 - 03:05

El pastor luterano Martin Niemöller simpatizó con el nazismo durante los años 20 y principios de los 30. Sin embargo, tras el ascenso de Hitler al poder, se opuso con firmeza a los intentos del dictador por controlar la Iglesia protestante. Tras ser juzgado y encarcelado en 1937, pasó los ocho años siguientes en prisiones y campos de concentración. Liberado en 1945, se dedicó hasta su muerte a confesar su propia responsabilidad y la del pueblo alemán en el Holocausto. En la Semana Santa de 1946 en Kaiserslautern, Alemania, en un sermón, pronunció las palabras que, atribuidas erróneamente a varios autores –y como poema, a Bertolt Brecht–, resumen perfectamente su colaboración al desentenderse de la barbarie nazi: “Primero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los socialistas y no dije nada porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada, porque no era judío, cuando vinieron a por mí, no quedaba nadie que pudiera protestar”. Primero vinieron por Chile, y no dije nada, yo no era chileno; luego vinieron por Nicaragua y no dije nada, no era nicaragüense; luego vinieron por Panamá y no dije nada, no era panameño; después lo intentaron con Cuba, y yo no dije nada, no era cubano, ahora, lo han hecho de nuevo con otro país del Cono Sur y muchos, no solo no dicen nada, sino que lo celebran y aplauden, sin importarles que salten por los aires el derecho internacional, los derechos humanos, la democracia y el respeto a la vida. Las instituciones que, trabajosamente, se han ido construyendo como airbag y paliativo de la extrema violencia que provocan las guerras. El crimen, cometido, además, por gentes a las que no se les cae de la boca la palabra Dios. Que lucen en su frente la ceniza del rito católico del miércoles santo. Lo escribió Neruda en su Canto General: “Compran países, pueblos, mares, policías, diputaciones, lejanas comarcas en donde los pobres guardan su maíz como los avaros el oro”. Compran o, simplemente, lo roban. ¡Que se preparen Cuba, Colombia, Siria, Sudán del Sur, Níger, Malí y Burkina Faso, la Antártida y Canadá! Irán a por ellos. Si callamos ahora, cuando vengan a por nosotros –que vendrán, antes o después– ya no quedará nadie que pueda protestar.

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