Silvia o la tiranía del teleñeco

06 de marzo 2026 - 03:07

La gala de los Goya volvió a ser el búnker de la soberbia. Silvia Abril, profesional de mueca fácil y grito de guion, decidió darnos una lección que nadie le había pedido. Su blanco fueron los jóvenes que van a la iglesia. Patético. Un púlpito televisivo, que se cree, sólo por ello, con derecho a juzgar almas y tutelar conciencias. El triunfo del decorado sobre la verdad interior. La nada mediática asfixiando una libre elección juvenil. El envase vacío acosando la profundidad del espíritu.

Silvia encarna esa aristocracia del “prime time” que se cree intelectual por tener un micrófono subvencionado. Nos venden libertad, pero solo si pasas por su aro. Nos venden independencia, si tu camino no pisa un templo. La ironía es sangrienta. Estos personajes, que sólo son imagen de televisión, se erigen en jueces de una juventud que les da mil vueltas en coherencia. Hablan de respeto mientras escupen sobre las convicciones de miles de chavales. Su tolerancia es un decorado que se cae al primer soplo de diversidad real. Silvia Abril no transgrede nada; solo balbucea el discurso de una izquierda de salón que huele a rancio desde los años ochenta. En los próximos Goya le tocará pedir, en nombre de la libertad, eso sí, que quemen las Iglesias. Me suena.

A vosotros, jóvenes: no os dejéis amedrentar por bufonadas. Vuestra libertad es real; la suya depende de una nómina con varios ceros a fin de mes. Vuestras convicciones tienen raíz; las suyas dependen del aplauso enlatado y subvenciones en cuenta corriente. Actuad según vuestro instinto y vuestra fe, sin pedir permiso a quienes solo viven de la apariencia. No hay mayor acto de rebeldía hoy que ser fiel a uno mismo frente a quien solo ofrece vacíos.

Gracias, Silvia, por el espectáculo de tu insignificancia. No hay mejor campaña para que un joven entre en una iglesia que ver la catadura moral de quien intenta lincharlo desde una alfombra roja.

Seguid creyendo. Seguid volando. Su ruido es solo el vacío de su propia dictadura. Vuestra libertad es sagrada. No pidáis permiso para ser fieles a vuestra alma. El espíritu es más fuerte que el guion. Sed rebeldes. Sed consecuentes con lo que a diario podáis pensar y sentir. El ruido de Silvia y otros muchos y muchas solo es eso: ruido de fondo en una vida, la suya, que sólo sabe de dictaduras morales.

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