La ciudad y los días
Carlos Colón
Tristes retratos personales y colectivos
Una vieja amiga me advierte que comparto onomástica en el calendario con los 'influencers'. Ayer, día 30 de noviembre, el dichoso mes que empieza por los Santos y acaba por San Andrés, también es, desde hace cinco años, el de esas personas que tienen muchos seguidores en las redes y que buscan precisamente influenciar en la gente para que consuman un producto o servicio. Me río yo de los 'influencers' de ahora. San Andrés sí que fue un 'influencer' con méritos suficientes como para dejar en zapatillas a todos los actuales. Por lo pronto fue el primer apóstol y el que le dijo a su hermano Pedro que había conocido a un tal Jesús que él creía que era el Mesías. Dejaron los dos hermanos la redes (las sociales aún no habían aparecido) y se fueron tras de él a conseguir seguidores para la causa. Yo me imagino los piques entre los hermanos a causa de esta cuestión.
-¿Tú cuantos seguidores han conseguido?
-Yo dos mil en Galilea y cuatro mil en Patras.
-Pues yo cinco mil de golpe en Betsaida.
Se refería San Andrés con este último dato al famoso milagro de los panes y los peces. Fue él el que le presentó al Mesías el muchacho que tenía los cinco panes de cebada y los dos peces. Jesús miró a San Andrés y le dijo: "Yo hago el milagro, pero tú tienes que hacer que la gente se entere". Dicho y hecho. Sin redes sociales de por medio, en media hora, como esos botellones improvisados que practican los jóvenes de hoy por mensajitos en el guasap y en el instagram, ya había cinco mil personas cerca del lago de Galilea comiendo pan y pescado. Aquel día el mensaje del primer apóstol fue 'trending tropic' y todo el mundo se fue con la barriga llena. La gran diferencia entre los 'influencers' de ahora y San Andrés, es que este último conseguía sus seguidores a base de hablar cara a cara y a golpe de sandalia, nada de videos ni de decir chorradas desde el salón de tu casa. San Andrés se recorrió casi toda Asia Menor y lo que hoy es Rusia para captar a decenas de miles de personas que se hicieron adeptas del Cristianismo. Si hubiera un balón de oro para el marketing evangelizador ese sería para San Andrés. El de Messi no tiene mérito porque al fin y al cabo lo que hace bien es darle patadas a una pelota.
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