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Cámara subjetiva

Semana de pasión

¡Pobre Lucas Alcaraz! Sólo le falta ir con cadenas detrás de cualquier Jesús de la Pasión

La Semana Santa se ha llevado por delante a Lucas Alcaraz, que ha pagado los platos rotos de un Granada C F construido (o de-construido) a lo loco, sin criterio, contratando tarde y mal, dándole el pasaporte a sus mejores jugadores para formar un equipo de aluvión, según iban pasando las piedrecillas que llevaba el río de los descartes de otros equipos y de los jovencitos que asomaban por allí. ¡Pobre Lucas Alcaraz! Sólo le falta ir con cadenas detrás de cualquier Jesús de la Pasión, o por ejemplo, hoy mismo, tras la imagen de Jesús de la Paciencia, que va atado a la columna, flagelado y con todo el cuerpo lleno de moratones y heridas.

En este país parece que siempre paga el que no debe. Y Lucas Alcaraz no ha podido hacer más de lo que ha intentado: conjuntar lo que no tiene arreglo. Hará falta un milagro. Y eso sólo lo sabía hacer Quique Pina (no sé cómo). Pero a este Granada no creo que lo resucite ya nadie. ¡Ojalá me equivoque! Y el nuevo entrenador pueda ser capaz de insuflar espíritu a quien no lo tiene. Porque el Granada actual parece un monstruo creado por el Dr. Frankenstein. Aunque los monstruos también pueden llegar a tener alma y jugar con una niña despistada o a lo mejor con un balón. Que no se diga que soy del todo negativa… Pero quién cree ya, a falta de siete jornadas, en una resurrección, por mucho que estemos esperando el próximo domingo a Cristo Resucitado, observado por la Virgen de la Alegría, la Magdalena y San Juan.

Yo sé mucho de la Semana Santa granadina porque me lo ha contado casi todo mi carnicero preferido en la carnicería del Corte Inglés: un apasionado de la Semana Santa. Me habla de las imágenes, de los más diversos pormenores, de los autores de las tallas, etc. mientras me prepara la carne picada o cualquier otra cosilla que le pida. Como le dije que yo no era muy semanasantera me ha estado convirtiendo poco a poco como buen cristiano y amante de la belleza plástica de todo este cortejo que atraviesa la ciudad y, dicho sea, la descompone tanto como la compone.

De eso fui víctima el Lunes Santo y juro que era para perder los nervios. Mira que las cosas van despacio cuando se tiene prisa ¡Hora y media tarde llegué a una cita a la que no podía faltar! Ni autobuses ni taxis, solo el pasito a paso de los más atrevidos, que se lanzaron desde la acera de los Escolapios hacia la carretera de la Sierra, camino de Cenes o del cementerio, yo qué sé.

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