Carlos Colón

Siempre manando

La ciudad y los días

La encuentra quien la busca. Y su vida cambiará a mejor. Porque el Rocío auténtico se convierte en actitud

20 de mayo 2024 - 00:00

Lo primero va delante y el resto, detrás. El Rocío es la Virgen. Y punto. Hay más cosas por supuesto. Muchas. Unas extraordinarias y otras ordinarias, unas santas y otras non sanctas. Da la romería para estudios antropológicos, históricos, sociológicos… Pero la Virgen va delante y el resto, detrás. Todo nació de Ella hace muchos siglos, tantos que hasta tenía otra advocación, Santa María de las Rocinas. Y todo ha vivido y se ha multiplicado desde los tiempos de Alfonso X hasta hoy gracias a Ella. Por el poder de su figura. Por el poder de su hacerse trono humano para ofrecer a Dios mientras con su mirada baja, complaciéndose en Él, proclama la grandeza del Señor. Por el poder de su rostro, sobre todo, por la sabiduría de su mirada, por la feliz luminosidad de su breve sonrisa inteligente de quien sabe lo que ignoramos: que todo acaba bien porque tuvo buen principio. Mucho antes de Pentecostés, en el instante primero del “fiat” de nuestra salvación, el Espíritu Santo vino sobre Ella y la fuerza del Altísimo la cubrió con su sombra. Esto es lo que expresa el rostro de la Virgen del Rocío como una evidencia visible, no como una proyección subjetiva. No interpreto, describo. Esta es la fuerza que ha hecho crecer a lo largo de ocho siglos la devoción a una Virgen a la que en la Edad Media se le construyó una modesta ermita al borde las Marismas.

¿Quién estaba antes de la capellanía, de la hermandad matriz, de las hermandades filiales, de la romería, como su origen primero? La Virgen del Rocío. Siempre manando, como escribió Muñoz y Pabón en sus célebres sevillanas en las que precisó “te encuentra quien te busca” interpretando el “salva al que busca salvarse” del Himno de Pentecostés.

Quien busque en el Rocío otra cosa que no sea Ella, no la encontrará. Y se irá peor de como vino. Porque ha tomado la hermosa romería en vano. Quien la busque, la encontrará. Y su vida cambiará a mejor. Seguro. El Rocío auténtico se convierte en actitud. Puedo asegurarlo porque estos días tres rocieras me lo han vuelto a demostrar. Una se llama como la madre y el padre del Señor, otra como el santo rey francés que le regaló la Virgen de los Reyes a San Fernando y otra como esta Reina y Madre de Andalucía que ahora mismo, mientras usted lee, recorre las calles de su aldea. Que la Virgen las bendiga. Y con ellas, a los amigos con rango de familia de la Plaza de Doñana 34.

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