Por montera
Mariló Montero
Un país en prórroga
La nueva subida de los tipos de interés de un 0,5% por parte del Banco Central Europeo (BCE) y que hace que se sitúen en el 2% en pocos meses, amenaza a la economía de miles y miles de familias por el incremento que esto supone en el coste de las hipotecas ya constituidas a tipo variable, al aplicar la cláusula de revisión.
Puedo entender que para enfriar la economía y disuadir el consumo, buscando bajar la inflación, se suban los tipos de interés pero sólo si se refiere a los nuevos préstamos desde ahora.
Pero reconozco que no soy capaz de entender que, de un dinero ya entregado en muchos casos hace varios años, se suba el tipo de interés. Ese dinero ya se entregó en el pasado para compra de una vivienda y no veo lógico que la banca reciba un extra sobre la base de la "necesidad" de enfriar la economía global.
Ya sé que desde la visión de las ciencias económicas se puede encontrar justificación a esta manera "ortodoxa" de hacer las cosas. Desde el punto de vista del consumidor común al que con un salario inferior a 1.500 euros mensuales (por ejemplo) le puede subir la cuota de su hipoteca en un 12-15-18 o 20% en relación a su salario; este escenario hunde sus posibilidades de llegar a fin de mes.
Las decisiones económicas no deben ser decisiones sin alma; en este caso el impacto de la medida para miles de familias es absolutamente demoledor. Los responsables del BCE y las autoridades económicas de los Estados Miembros deben ser conscientes que, en el contexto actual, empobrecer a la población contribuye a aumentar el malestar social, deslegitimar al sistema político y en definitiva a la democracia.
Es por eso que en relación a las hipotecas estaría bien y, seguramente es necesario, adoptar medidas diferentes a las habituales y proteger a los consumidores que vean comprometida su economía familiar. Estas medidas, a mi juicio, deberían suponer la no aplicabilidad de las cláusulas de revisión en aquellas familias que cumplan unos requisitos objetivos que evidencien que está comprometida su subsistencia.
No me parece suficiente flexibilizar el pago o aplazar los pagos, porque creo injusto que esas familias asuman un coste por una decisión de política macroeconómica. Ante situaciones extraordinarias caben soluciones extraordinarias y heterodoxas. Cuanto antes, mejor.
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