La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Turismo devastador

El encanto se no está escurriendo entre los dedos. Basta con subir a San Nicolás para pillarle asco a las masas

Pasas un puente largo aquí y te das cuenta hasta qué punto vamos a matar a la gallina de los huevos de oro de tanto exprimirla. La gallina se llama turismo y sus huevos de oro los pone en la ciudad de Granada, aunque ya da síntomas de agotamiento con este aire de tienda del todo a cien. Y eso no es bueno para nadie.

No es bueno sobre todo para los turistas. Empieza a haber masificación en zonas que antes guardaban su esencia auténtica como la Calderería, antigua Cuesta de San Gregorio hoy ya transformada en un decorado pseudo árabe listo para que los que vienen buscando exotismo lo tengan sin profundizar más. Pasas por la calle y te asaltan los comerciales de las teterías para que te tomes algo en la suya. Y, claro, te molesta. Igual que pasa en toda la calle Elvira. Déjeme usted que yo me meteré donde me dé la gana y si me da la gana, dan ganas de contestar. Jo. Parece el Corte Inglés pero del turismo exótico granadino.

No es bueno para los ciudadanos, claro. Tapas menguantes en los bares y precios que se agigantan semana a semana. El encanto se nos está escurriendo entre los dedos. Basta con subir al mirador de San Nicolás para pillarle asco a las masas. Cuesta encontrar hueco para sacar la foto obligada.

Si de algo servían las instituciones, según recuerdo, era para regular los excesos del libre mercado. Pero ya la memoria no me alcanza a rememorar cuándo las autoridades decidieron mirar hacia otra parte y dejar a un lado su responsabilidad de control sobre precios, masificación, competencia desleal y, especialmente, la protección de un vecindario que ya da síntomas de agresividad manifiesta sufriendo día sí y día también ruidos, meadas y mirones en su propia puerta.

Algo habrá que hacer. Esto ya no se sostiene con tanto free, tanto fast food, tanto shoping, tanto low cost y tanta trapacería de subeconomía que, vale, evita que el daño del paro sea mayor en una provincia ya castigada de por sí, pero el precio que pagamos todos es demasiado alto. Cualquier día, Dios no lo quiera, empluman con brea a un turista en plan Ku Klux Klan como advertencia. En Granada la gente es muy suya, y de la 'malafollá' en silencio pueden pasar a la acción directa. La lástima es que los responsables no reaccionarán hasta que no se monte el lío con fotos en la tan necesaria prensa.

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