La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

El cambio a nariz tapada

Que sea la derechona la que venga a renovar Andalucía es paradoja. Pero era necesario y así lo entendieron los votantes

Aveces en las casas o las empresas hay que hacer grandes cambios para que las cosas vuelvan a su sitio. Con la rutina y sus vicios la gente se acostumbra y se vuelve comodona y se toma su función como propiedad o cortijo, esconde cosas al propietario y, lo que es peor, se enquista en vicios que pasan a corruptelas que a la larga son delitos. Es condición humana, ya se ve. Y no hay mucha solución. Si les amonestas, henchidos de prebendas y dignidades, se enrocan caiga quien caiga.

Estas mecánicas intrínsecas del poder en democracia se conocen desde Grecia, el origen. Y también el remedio: votar y desalojar a los malos gestores. El Susanato estaba tan podrido que el olor ya insoportable provocó este rechazo masivo.

Si encima han pasado cuatro décadas en el poder, caso de los socialistas andaluces, la cosa adquiere tintes de régimen o tiranía, con prácticas tipo Stasi o control de medios tipo Goebels.

No son nada originales. Véase si no lo sucedido con el régimen de saqueadores sistémicos que instauró Jordi Pujol en su reino en Cataluña. Hasta viajes con bolsas a Andorra con el botín. Y encima nos han dejado una región adoctrinada desde el colegio con formación del espíritu nacional republicano y en catalán incluidos.

En Andalucía seguimos atrasados en infraestructuras y ni tren en Granada, con la masa empleada en la empresa-Junta o estudiando para sacar plaza, o comiendo del cáncer del PER, opio del pueblo. Región cañí para turistas y segunda residencia de pensionistas europeos con los jóvenes emigrando ya formados como príncipes. Y olé.

Que sea la derechona la que venga a renovar las cosas es paradoja. Era necesario y así lo entendieron millones de votantes hartos de chorizos y de ver en la tele a jubiletas en busca de ligue o a los infumables de Se llama copla. La derecha limpiará cientos de entes público artificiales, abrevaderos de sueldazos pagafavores. Ojalá que nos devuelvan de verdad la Alhambra y la Sierra a su Granada.

Este mal menor se nos viene encima pero renovará las caras, por un tiempo, ojo. No son jóvenes soñadores sino tecnócratas aspirantes a dirigir empresas sin muchos escrúpulos sociales. Y, encima, tendrán a Vox de agitador moral en la sombra.

Nuevos tiempos bienvenidos, al menos para este sur siempre a la espera de salir del furgón de cola.

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