Durmiendo bajo la lluvia

04 de febrero 2026 - 03:08

Desde hace varios meses veo casi diariamente a un mendigo durmiendo en un banco de la placeta de Santa Inés Alta, cerca de la plaza de Carvajales. Mientras ha hecho buen tiempo apenas he reparado en él. La mayoría de las veces lo he visto totalmente tapado hasta la cabeza con una manta. Otras veces le he visto la cara. Aparenta tener unos 60 años, si es que la vida no lo ha envejecido antes de tiempo. Sus arrugas son pronunciadas y en la mirada está ese desamparo que tienen todas las personas excluidas o las que ya no esperan nada de nadie. Un buen fotógrafo haría una instantánea de esas que sirven para colgar en exposiciones, que ahí quedan muy bien. Al lado del banco siempre hay alimentos como yogures, botellas de agua o cartones de leche que seguro alguien le dará. No pide nunca dinero, todo lo deja para el albur del ciudadano de buen corazón.

Siempre que lo veo sentado y despierto le digo buenos días. No le hablo más, entre otras cosas porque no sabría qué decirle. El otro día estaba lloviendo mucho y entendí que el mendigo había pasado la noche debajo del banco, porque por encima había colocado, a modo de tienda de campaña, unos plásticos para evitar que el agua lo mojara. Él mismo se había envuelto como una larva en una manta y un plástico. Y en la cabecera había un paraguas abierto. Daba frío con solo ver la escena. Desde entonces cada vez que lo veo en estos días de lluvia se me humedece el alma. ¿Cómo puede ser que una persona pueda vivir así? Es la pregunta que me hago y que me genera rabia e impotencia.

El otro día decía el periódico que en Granada capital casi trescientas personas duermen a diario en la calle. Gente que está soportando temperaturas de dos o tres grados bajo cero. Y hay un colectivo que se llama La calle mata que está pidiendo a las autoridades que en estos días de frío y lluvia se mantenga abierto un albergue para los sin techo. Existe una creencia rulando por ahí con las que los ciudadanos queremos tener calmada la conciencia: muchos mendigos prefieren dormir en la calle antes que ser recogidos por alguna institución. Si eso es verdad, sería necesario obligarlos a no dormir prácticamente a la intemperie cuando las inclemencias meteorológicas son muy adversas para los cuerpos humanos. Una sociedad que se precie no puede permitir este tipo de situaciones, al menos con esta lluvia y este frío. Sí, la calle también mata.

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