De emires, budistas y el chino de Covirán

Las ciudades tienden a añorarse a sí mismas y Granada es una de las que más lo hace

Granada cada vez se parece más a sí misma. A ver. Aquí convivieron durante mucho tiempo tres culturas: la mahometana, la judía y la cristiana. No se querían, pero se soportaban, como los viejos matrimonios, que no conviven, pero coexisten y comparten territorio. De eso estamos orgullosos. A los turistas se les lleva a visitar el barrio judío del Mauror y el Realejo y les explican que allí tuvieron los antepasados de aquellos que hoy se intercambian bombas y rehenes con los palestinos. Y en el Albaicín les explican que allí vivieron los musulmanes que ayudaron a construir la Alhambra. Y en el barrio cristiano, el que estaba alrededor de la catedral, se les dice era la esencia de la Granada. Ahora, cuando se llama a la paz y a la tolerancia, se invocan aquellos tiempos en donde convivieron las tres culturas. Pero no deja de ser un mito.

Las ciudades tienden a añorarse a sí mismas y Granada es una de las que más lo hace. Por bien que se encuentre siempre ha conocido tiempos mejores. También es una ciudad que quiere ser permanentemente reconquistada. Últimamente leo noticias de árabes que compran cármenes en el Albaicín o budistas que se hacen con conventos cristianos. No hace mucho, tres o cuatro años, un emir de Catar compró el carmen de San Agustín, que pertenecía a los Pérez Pire, por 17 millones de euros. El árabe quería derribar todo el carmen y hacerse una vivienda más a estilo qatarí que albaicinero. Con dos cojones.

Pero es que hace unos días los granadinos nos sorprendimos con la noticia de que los budistas habían comprado el popular convento de Las Vistillas para convertirlo en un centro en el que se practique su religión. El convento estaba cerrado por falta de monjas. Si vosotros no tenéis monjas, a nosotros nos sobran monjes, parece ser el mensaje que los budistas les han lanzado a los cristianos. Eso y dos millones y medio de euros. Ahora nos rasgamos las vestiduras por la pérdida de nuestro patrimonio, pero el edificio estaba prácticamente abandonado y nadie sabía qué hacer con él. No nos lo han arrebatado, hemos dejado que nos lo arrebaten. Como tantas cosas. A partir de ahora quien recibirá las plegarias será Buda y no Jesucristo.

La última invasión de la que me he enterado es de que el Covirán que hay en mi barrio y que está cerrado hace algún tiempo lo quieren comprar los chinos. No, si verás tú…

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