El habitante
Felipe, el facha
Yyo, claro. Y Alfonso, y Page, y Redondo y el difunto Lambán. Y hasta, digo yo, Don Julián Besteiro, enterrado, claro, por facha en el desconcierto, decía: “El problema no consiste en despreciar la política, sino en purificar la política”. Y tú, elector perplejo, con tu voto usado para un rato más de supervivencia estéril. Y tú, militante herido, ya de duelo por el estado catatónico de las Casas del Pueblo, orillado el debate por la consigna. Y esto es tan loco que hasta a ti, sanchista del primer día (¡ergo susanista, perdóname!), de cuño nuevo por disciplina (que será un valor, pero, con éste, es un error), por convicción (que ya es difícil), o por reacción (que pudo ser incluso comprensible, ¡pero de eso hace ocho años, amigo!); o a tí, novísimo afiliado con una solvencia crítica criadita al amparo de la pija y el quinqui... sí, a vosotres, vosotras, vosotros, dos telediarios os quedan para ser fascistas con sarampión si la penúltima locura de Sánchez os hiciera decir “ehh, bueno, la verdad es que...”, lo cual es también harto difícil, o sea, en plan súper heavy y eso, bro.
Felipe, que en este país no precisa apellido, porque el recuerdo de muchos y la historia de todos le tiene reservado un indudable puesto de honor entre los servidores del Estado ha repetido, y no es nuevo, que con el muchacho que nos desgobierna no va ni al disco. No lo hará, y no seré exhaustivo, por el entreguismo adocenado del estado a quienes abiertamente proponen desmembrarlo, tras estrujar la teta de todos; por la amnistía; por el vergonzoso pacto hiriente con Bildu; por ser plenamente incapaz de acordar algo con sentido de Estado; por preñar nuestras instituciones de oportunismo y pésimo nivel; por no cumplir el mandato constitucional y presentar presupuestos; por ser un presidente de figurín y mentira. Y por eso es un facha. Ya. Y un carajo. Por eso es demócrata.
La diferencia es tan enorme que poco necesita explicarse. Pero daré un detalle para hacerme entender (si eso es posible) por el sanchismo, sin sonrojar a los progresistas hartitos de este país. Felipe es Estudio 1, teatro fino para todos. Sánchez es una entrevista eterna de Broncano: el contenido no se recuerda; solo, y a veces, cuánto tiene y cuánto jode o se masturba. Fachas que somos.
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