El genio de los precios

24 de febrero 2026 - 03:08

Como buen amo de casa que con la edad se vuelve uno, los precios de los productos van dejando de ser una referencia lejana para convertirse en un estado si no de alarma cuanto menos de excepción y hasta de sitio o casi de guerra que se anuncia en el horizonte de los bolsillos.

Lo dicho. Ya no me hace falta leer sesudos estudios de grandes mentes de la macro economía en los diarios para deducir el estado de angustia existencial de, por ejemplo, los pensionistas que no llegaron a la cotización necesaria y sobreviven con unos míseros cuatrocientos ochenta euros. Pronto serán, como no cambien mucho las cosas, como supervivientes de campos de concentración pero en su propio domicilio.

Para catar de su propia medicina macro económica, seria buen ejercicio para los políticos del sector dejarles un mesecito con semejante presupuesto para casa, luz, agua, vestido y comida y, además, ponerles con los ojos tapados en mitad de un súper cualquiera y decirles en plan ji ji ja ja, qué risa, “¡sorpresa!”, y salir corriendo y que se enfrenten a esas estanterías rebosantes de productos cuyos precios se dirían que tienen vida propia pues no dejan de crecer de semana en semana o por días.

Ahí querríamos ver seguro a muchos de los demagogos que nos lanzan recetas mágicas que sólo sirven para llenar aún más sus bolsillos y no los nuestros.

Si la sección del aceite estuvo durante años hasta con artilugios antirrobo (literalmente) pronto le tomará el relevo el área del café porque ya se ven cifras antes impensables para algo tan básico como ese excitante de la atención que nos vuelve más productivos.

Se diría que los empleados que tienen que cambiar los rótulos de precios no tienen descanso. A destajo rectifican semana a semana los guarismos del detergente o los huevos. De los productos frescos mejor ni hablamos.

Si combinas esta selva inflacionista con el precio de los alquileres y de los coches, y preguntas por ahí que a quién y cuánto le están subiendo el sueldo, pues oye, la duda te asalta y empiezan las preguntas para desvelar ese inmenso misterio de cómo hacen la mayoría para, además, salir de copas y hasta para cogerse un finde y mandarte fotos desde Londres, París o Barcelona. Sí. Son unos genios de las finanzas, ricos herederos en silencio o premiados por la lotería tan rácanos que nunca me lo dijeron.

stats