Juego de tronos, el cartel de Semana Santa

19 de enero 2026 - 03:06

Como no soy Iker Jiménez, no puedo hablar con absoluta certeza de lo que pensarían mi abuela y mi padre de la ‘visitica’ que anticipa –y casi no hemos salido todavía del piélago sentimental de la – el cartel de Semana Santa que cofradías y Ayuntamiento acaban de presentar. En él, aparece la Virgen de la Alhambra a las puertas de la Virgen de las Angustias. Recuerdo que en la película Amanece que no es poco un personaje se desdobla. Clonarse, para la divinidad, no supondrá mucho esfuerzo. De hecho, en Semana Santa pasean por nuestras calles miles de copias de la Señora. Por lo que sé de mi padre y de mi abuela –cristianos viejos del Realejo y de la calle Elvira que se tomaban la ‘visitica’ a título individual muy en serio–, estos alardes semanasenteros de la ‘profunda piedad andaluza’, tan aplaudidos por papas, reyes y tribunos, les parecerían excesivos, si no idolátricos. Como no pudieron disfrutar de Cuarto Milenio, no disponían de herramientas epistemológicas para descifrar el sentido último de estos azacaneos de las masas. Tengo oído en el programa de Iker que son manifestaciones del instinto de sociabilidad que, con el de reproducción y el de alimentación, mantienen en pie –por ahora–a nuestra especie. Los seres humanos necesitamos estar juntos, pertenecer a algo y sentir que lo que hacemos nos conecta con cuanta más gente, mejor. Convencidos de que las creencias y hábitos propios son más respetables si los respaldan millones de semejantes. Sobre todo, si lo que creemos no está avalado por pruebas irrefutables. En fin, que en este mundo cada vez más de relaciones digitales, de cuerpos ausentes, de ectoplasmas, necesitamos, como el comer, ‘eventos’ masivos en los que se materialicen esos seres evanescentes de las redes y que fluyan con nosotros en la calle. Apretujarnos, oler el incienso de los pasos, marearnos con los perfumes de la gente y con el aceitón de las frituras de pescado. Y si para eso hay que maltratar a las vírgenes y forzarlas a multiplicarse y a hacerse autovisitas, sin cita previa ni petición de venia, pues se las maltrata. Mi padre y abuela hablarían de postureo. De guerra de las cofradías a ver cuál de ellas ostenta más luces y pedrería. La clave la da el mismo cartel: atraer a turistas. Este bloguero, para que no se le tilde de boomer, prefiere hablar de juego de tronos.

stats