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Ojo de pez

Pablo Bujalance

pbujalance@malagahoy.es

El macho alfa

Ya advirtió Platón que no hay criterio más fiable para conocer la evolución de una sociedad que su música

A cuenta de la lluvia copiosa que amenazaba con inundarlo todo, el otro día me metí a desayunar en un bar distinto del acostumbrado. Me hizo poca gracia que tuvieran la tele puesta en un canal musical, pero al menos habían dejado el sonido a un volumen discreto, así que me decidí finalmente a plantar allí el campamento. Me arrimé a la barra, pedí lo mío al camarero y me quedé mirando a la pantalla. El canal en cuestión era la versión televisiva de Los 40 Principales, y bueno, me entró la curiosidad (hacía una porrada de años que no veía ni escuchaba Los 40 Principales) por ver lo que se cocía allí dentro. La fórmula era la de siempre, con los videoclips presentados por una especie de catequista que entusiasmo, la verdad, demostraba poco. En la primera canción con la que me topé aparecía un tipo canijo y tatuado susurrando algo a ritmo de reguetón, junto a una modelo semidesnuda y en plan complaciente y sumiso que parecía dispuesta a someterse a los caprichos de la estrella. Cosas que pasan, pensé, esta mierda tendrá su público. El segundo videoclip, no obstante, resultó ser exactamente igual: en esta ocasión el figura latino iba subido en un buga de lo más molón, pero la pavita sentada al lado parecía pocos menos que su esclava sexual, y algo de esto repetía el tarado en el estribillo. Ya era para mosquearse.

Pero no, oigan, ni mucho menos. El tercer videoclip volvía a ir de lo mismo: idiotas descerebrados que decían a sus chicas cómo tenían que portarse en la cama y muchachitas de calendario dispuestas a seguirles el juego, claro que sí miamol. Y el cuarto. Y el quinto. Al sexto, ya no sabía uno si resultaba más oportuno pedir el mando de la tele o la cuenta para salir huyendo. Cuando yo veía y escuchaba Los 40 Principales cabía la posibilidad de encontrarte a Radiohead o a Blur, pero ahora parece que semejante asco pasa por música. Bien, es el signo de los tiempos. Ya advirtió Platón que no hay criterio más fiable para conocer la evolución de una sociedad que la evolución de su música. Y hace ya tiempo que Kiko Veneno viene quejándose de que en la radio sólo suena música para máquinas, no para personas. Hasta Franco Battiato alertaba contra los criminales que vienen "sumergidos en basuras musicales". Pues eso, aquí los tenemos. Reinando. Una verdadera lástima.

El modelo que ofrece esta maquinaria no puede ser más sencillo: el macho alfa dispone a su antojo y la mujer se calla. Décadas de concienciación feminista tiradas a la basura para mayor gloria de una industria, la musical, que ha sobrevivido a costa del vómito. Bienvenidos a la censura del siglo XXI.

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