Alto y claro
José Antonio Carrizosa
Vox y la ola del cabreo
Era noviembre de 2011, quedaba algo más de una semana para las elecciones generales, pero Alfredo Pérez Rubalcaba ya había asimilado que Mariano Rajoy iba a ganarlas. A pesar de la brillantez del entonces vicepresidente y ministro de Interior y de su ingenio para la comunicación política, Rubalcaba se sentía sin capacidad para darle la vuelta a la campaña. “Lo que no voy a hacer es dar manotazos de ahogado”, sentenció ante la insistencia de su equipo, nada de ocurrencias de última hora que terminasen de hundir, por ridículo manifiesto, su condición de hombre de Estado, de político responsable.
Pienso en estos manotazos de ahogado, en esa forma ridícula y angustiada de reclamar el socorro al ver cómo Javier Azcón y el PP cerraron la campaña electoral de Aragón. Con el agitador ultra Vito Quiles y el grupo paródico Los Meconios, emblemas del populismo trumpista en España, dos manotazos de última hora para retratar con mayor fuerza el fracaso de Azcón.
Sí, fracaso. Aunque el presidente de la comunidad vaya a renovar su mandato, Azcón y Feijóo decidieron adelantar las elecciones para aprovechar el rechazo a Pedro Sánchez, aumentar el número de escaños del PP y poder gobernar con los provincialistas de Teruel. Craso error, ha sido Vox el que ha rentabilizado el antisanchismo y lo que hoy tiene Azcón son dos diputados menos. Es para estar escondío.
El PP va a afrontar momentos muy difíciles, porque la reacción estratégica ante la entrada de Vox en lo que fue su electorado desde los tiempos de Manuel Fraga es muy complicada, los seguidores de Abascal no son unos gremlins que se alimentan artificiosamente, no son fruto del PSOE ni de los populares, se trata de una corriente global que bebe de una de las pulsiones políticas más poderosas: el nacionalismo, expresado ahora en el rechazo a los inmigrantes, al progresismo y a la misma casta que Podemos señaló en su día como responsables de la crisis económica.
Dos países, Canadá y Japón, con dos primeros ministros liberales, Mark Carney y Sanae Takaichi, demuestran, sin embargo, cómo es posible driblar al populismo ultra desde posiciones progresista, una, conservadora, la otra, sin caer en la estupidez de imitar a Vox. Es ahora cuando el PP debe mostrar de modo enérgico cuáles son sus valores democráticos.
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