El río de la vida

El puticlub Don José y el Covirán-19

Un amigo quiere montar un negocio vendiendo botes de malafollá y le he dicho que la malafollá no se puede envasar

Esta pandemia nos está volviendo a todos tarumbas. Un amigo que tengo se ha quedado en el paro y dice que quiere montar un negocio vendiendo botes de malafollá. Yo le he dicho que está loco, que la malafollá es un bien inmaterial de la humanidad y que no se puede envasar, pero él tiene conocimiento de que un empresario inglés se está forrando vendiendo niebla de Londres en tarros. "Además… ¿no hay gente que todo lo que te vende es humo?", me pregunta. Está convencido de triunfar. Yo creo que se la ha ido un poco la chola, pero creo que es un ejemplo de lo que nos puede pasar en estos tiempos de pandemia.

Otro amigo, Vicente González-Barberán, que fue delegado en Granada del Ministerio de Cultura y que dentro de poco cumple 90 años, dice que esta pandemia le ha dejado sin salir a la calle pero que no le va a dejar sin humor. Así que al Covid-19 la llama 'Covirán-19', porque dice que así se granadiniza el virus y lo trata con más cercanía.

¿Y qué me dicen de esos dos empresarios que quieren convertir al puticlub Don José en una residencia con 70 hogares para personas necesitadas? Cuando lo leí creí que era una de esas noticias falsas que circulan por la red. Pero no, es verdad. Por lo visto las putas, con esta crisis del sistema, ya no tienen prisa ni nadie que se la meta y los dueños del local han decidido convertir el lupanar en algo más provechoso: en una fundación que trabajará con recursos propios y que no aceptará subvenciones ni ayudas de terceros.

Aunque quien de verdad se está partiendo de risa con esto que nos está pasando es la propia naturaleza. Ella se muestra indiferente hacia lo que nos rodea. Pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, permanece distante, inmutable, quizás riéndose para sus adentros por lo que nos está pasando con la pandemia. "¡Anda, mira estos humanos que se creían los reyes de la creación!", le dirá la montaña al río. "Pobrecillos. Hay que tenerles lástima. Les están cerrando antes los bares, no pueden salir apenas de sus casas y ahora con el cierre de los puticlubs se están quedando sin pecados", dirá el mar a las nubes.

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