Por montera
Mariló Montero
Un país en prórroga
Hace unos días pasé con mi familia un agradable día de fiesta en un pueblo de la zona norte de Granada. Al mediodía decidimos ir a un restaurante para disfrutar de una comida típica local. Me senté en la terraza semicerrada con mis tres hijos y mi esposa. A nuestro lado se encontraba una familia compuesta por un matrimonio y un niño pequeño de unos meses junto con otras cuatro personas adultas. En un momento dado, y mientras decidíamos la comida que íbamos a pedir, cuatro de estas personas, comenzaron a fumar. Inmediatamente como podéis imaginar, mis hijos que eran los que más próximos estaban a esa mesa contigua empezaron a quedar envueltos en una "niebla" provocada por la densa humareda que exhalaban los susodichos. Rápidamente me levanté y le dije a la camarera que dado que esta terraza no podía ser considerada como espacio libre, según la ley actual, no estaba permitido fumar en esa zona. Ella me miró sorprendida y me dijo no podía llamarles la atención para que dejaran de fumar y que si tenía alguna queja hablara con el encargado. Así se lo comuniqué también a este que simplemente me profirió que él no podía actuar como un policía con los clientes y que había que ser comprensivo, puesto que eran lugares de esparcimiento y ocio para disfrutar. Perplejo me quedé al darme cuenta que los infractores habían escuchado punto por punto la conversación iniciada, primero con la camarera y posteriormente con el encargado del local y aun así, no dejaron ni un solo momento de fumar un cigarro tras otro. Ni siquiera por deferencia a ese bebé, que además de mis hijos, estaba inhalando todo el humo de los 4 fumadores allí reunidos. Con esta perspectiva pagué la cuenta y abandoné con mi familia el local. Independientemente de lo que diga la ley vigente 28/2005 que sólo permite fumar en espacios al aire libre (no semicerrados), hay una cuestión fundamental que debería prevalecer sobre todas las demás y es mi derecho a respirar aire puro y a no tener que inhalar el humo exhalado por los demás. La ley debería por supuesto ser más restrictiva a este respecto, pero la conciencia social por el respeto a la salud de los demás, algo que no se puede legislar, como se puede comprobar en esta y otras situaciones, brilla por su ausencia.
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