No quiero respirar su humo

La conciencia social por el respeto a la salud de los demás, algo que no se puede legislar, brilla por su ausencia

12 de junio 2022 - 01:54

Hace unos días pasé con mi familia un agradable día de fiesta en un pueblo de la zona norte de Granada. Al mediodía decidimos ir a un restaurante para disfrutar de una comida típica local. Me senté en la terraza semicerrada con mis tres hijos y mi esposa. A nuestro lado se encontraba una familia compuesta por un matrimonio y un niño pequeño de unos meses junto con otras cuatro personas adultas. En un momento dado, y mientras decidíamos la comida que íbamos a pedir, cuatro de estas personas, comenzaron a fumar. Inmediatamente como podéis imaginar, mis hijos que eran los que más próximos estaban a esa mesa contigua empezaron a quedar envueltos en una "niebla" provocada por la densa humareda que exhalaban los susodichos. Rápidamente me levanté y le dije a la camarera que dado que esta terraza no podía ser considerada como espacio libre, según la ley actual, no estaba permitido fumar en esa zona. Ella me miró sorprendida y me dijo no podía llamarles la atención para que dejaran de fumar y que si tenía alguna queja hablara con el encargado. Así se lo comuniqué también a este que simplemente me profirió que él no podía actuar como un policía con los clientes y que había que ser comprensivo, puesto que eran lugares de esparcimiento y ocio para disfrutar. Perplejo me quedé al darme cuenta que los infractores habían escuchado punto por punto la conversación iniciada, primero con la camarera y posteriormente con el encargado del local y aun así, no dejaron ni un solo momento de fumar un cigarro tras otro. Ni siquiera por deferencia a ese bebé, que además de mis hijos, estaba inhalando todo el humo de los 4 fumadores allí reunidos. Con esta perspectiva pagué la cuenta y abandoné con mi familia el local. Independientemente de lo que diga la ley vigente 28/2005 que sólo permite fumar en espacios al aire libre (no semicerrados), hay una cuestión fundamental que debería prevalecer sobre todas las demás y es mi derecho a respirar aire puro y a no tener que inhalar el humo exhalado por los demás. La ley debería por supuesto ser más restrictiva a este respecto, pero la conciencia social por el respeto a la salud de los demás, algo que no se puede legislar, como se puede comprobar en esta y otras situaciones, brilla por su ausencia.

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