Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

La realidad era esto

Aprendimos a desconfiar del que pontifica desde el coche oficial. Vimos a los ricos casi reventar siendo más ricos

Llegó el ansiado lunes y con él la realidad-real que tanto deseábamos tener entre las manos, este nivel 1 de aprobado por los pelos al que llegamos con una semana de retraso, pero ya llegamos.

Y entonces arribamos a este primer día de semana de los de siempre, de aquellos con llamadas urgentes en cascada y problemas atrasados y el personal desperezándose pero ya enfadado y, sobre todo, con los bolsillos vacíos. Porque sí, han proclamado ayudas para serenar el presidio, pero nadie sabe a quién le han llegado. Se diría que al heroico autónomo no, que ahí está esperando que le caigan del cielo estatal algunos euritos quita-angustia esta que nos entra si echas cuentas en el hotel, la tienda o las peluquerías largo tiempo vacías.

Carteles hay bien a la vista clamando desde las gremiales con el aviso de que sale más barato seguir con las persianas bajada. Son las cuentas. Cuando abran fronteras habría que traerse a algún listillo de lo público y centroeuropeo y que nos cuente la fórmula que parece que allí sí que parece que les funciona, pero allí, siempre más arriba. Porque lo que es por aquí, mal pinta la cosa atorados en el sector servicios.

El desánimo no es cosa del sur, nunca lo fue. Llevamos una crisis atroz a las espaldas que capitalizaron bien los del norte aprovechando la formación de nuestros jóvenes sobradamente preparados pero emigrando a sus contratos fijos de ingenieros o arquitectos mientras que por aquí hasta los delineantes lampaban por poner cafés o reponer lo que fuera en el super.

De aquella cruda experiencia de desahucios masivos y bancos cerrando el puño en torno a nuestro gaznate aprendimos a desconfiar del que pontifica desde el coche oficial y del que le guarda el sueldo. Vimos a los ricos casi reventar siendo más y más ricos.

Porque este sistema del capital como medida de todas las cosas se cimenta en la ley del óptimo beneficio al gasto mínimo. Y ya aprendimos después de este tétrico retiro que el gasto 0 es sinónimo de que ya te visten con un traje de pino.

Realidad-real en toda la boca. Que iba a ser duro, lo sabíamos. Por eso, habrá que darse un paseíllo en la tarde rescatada y ver qué está abierto y tomarse algo por debajo de la mascarilla y a prudente y profiláctica distancia de los amigos, pero, por lo menos, compartiendo, que eso todo lo alivia. Esperemos.

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