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Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

¿De qué se ríen?

¿A qué viene esa jocosidad tras la sentencia del Tribunal Supremo mientras ven en TV lo que pasa en Cataluña?

Hay quien dice que en Vox no sonríen, o que sonríen muy poco. Será porque no quieren. O lo suyo es el disimulo. Prefieren transmitir una imagen seria, adusta, recia. El ademán impasible. Está bien. Si hay que enseñar los dientes no será con una sonrisa.

Que Vox no sonría o sonría poco lo dice la tecnología. Ya es cuestión de cada cual creer en esto como algo con fundamento o tomarlo como una parida más de las miles que se difunden a diario en internet. De una consultora de marketing digital procede el dato de la gravedad en el semblante voxiano. Ha llegado a esa conclusión utilizando un sistema de inteligencia artificial -sobre la natural mejor pasamos de largo si estamos hablando de políticos y de sus partidos- con el que ha rastreado 11.000 páginas que forman parte de los sites de las ocho formaciones que consiguieron más escaños en el Congreso de los Diputados en las últimas elecciones (sí, las que no han servido para nada). Y tras el análisis de 8.000 imágenes diferentes han llegado a la conclusión de que en Vox son más serios que El Viti.

No lo tengo tan claro. Hay ahí una alegría interna. Me da que lo que están pensando en Vox, con el panorama actual, es "que sonrían los demás, ya lo haremos nosotros, quien ríe el último ríe mejor". Aunque esto no es así del todo: la gravedad la ponen los líderes ultras, pero no son pocos sus seguidores a los que ya se les ha desencajado la mandíbula de júbilo. Ha sido por la sentencia del procés y lo que ha venido después. Su euforia contrasta con la de Ortega Smith, el que define su partido como un "banderín de enganche" y para quien el fallo ha sido dictado "por unos tribunales que tratan con paños calientes a los que han tratado de dar un golpe de Estado". Es un cabreo aparente, formal, y por supuesto estratégico (no va a poner cara de cachondeo mientras dice todo eso). Sabe que si hay un partido que puede sacar una buena tajada del problemón catalán es el suyo, azuzando con el discurso de la destrucción de España a quienes parece que han recuperado la sonrisa -y hasta la risa- con la sentencia del Tribunal Supremo. ¿Y esos, de qué se ríen? ¿A qué viene toda esa jocosidad ante las pantallas de TV y esos comentarios en los bares jaleando a los antidisturbios a que den leña al mono? ¿De dónde les llega esa alegría por todo esto mientras pronuncian la palabra "catalanes", sin exceptuar a ninguno, con un asco secular, viejo y recalcitrante?

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